PARRESHÍA

La milusos

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Citlalli va a dejar en la estaca ardiendo a Ariadna Montiel para irse de candidata y campaña adelantadas a la alcaldía Cuauhtémoc.

Quien es bueno para todo no lo es en nada, pero todo presidente suele tener su milusos, generalmente suelen ser personajes abyectos y genuflexos, hábiles en las intrigas, melosos y arrastrados con los de arriba y tiranos y crueles para con los de abajo. Salvo eso y la confianza ciega del jefe no sirven para nada más.

En el caso específico de Citlalli, su complexión habla de voracidad enfermiza, y hablo de voracidad de poder.

Citlalli Hernández ya fue senadora, distinguiéndose en tomar el presídium y golpear senadores, ha sido secretaria general de Morena, de la mano de Mario Delgado en la pantomima de las corcholatas y el bastón de mando, hoy ya a nadie le queda duda de parte de quién llegó allí; le crearon una Secretaría de la Mujer y como siempre su paso no dejó huella alguna, salvo los reclamos de los colectivos feministas y de madres buscadoras jamás recibidos; sin pena ni gloria regresó a Morena como presidente de procesos internos para otra pantomima electorera que promete terminar, como casi todas las selecciones de candidatos de la izquierda, aunque Morena no tenga nada de izquierda, en caos generalizado.

Citlalli va a dejar en la estaca ardiendo a Ariadna Montiel para irse de candidata y campaña adelantadas a la alcaldía Cuauhtémoc.

Los gringos le llaman Rolling the stairs up: barriendo hacia arriba las escaleras. En buen mexicano diríamos echar la basura contra el viento.

No deja de ser paradójico, la hasta hoy responsable de los procesos internos en Morena se brinca el proceso estatutario y hasta la tómbola para ser designada al más puro y desvergonzado de los dedazos. ¡Vaya congruencia y autoridad moral de la milusos!

Pero olvidándonos un momento del personaje y sus singularidades, qué nos dice su imposición. Que en la Ciudad de México, gobernada por el mismo grupo desde 1997, Morena no tiene cuadros competitivos; donde es hegemónico puede poner de candidato al caballo de Calígula y ganar, pero donde hay competencia no gana con nadie.

Me pregunto, por qué no se lanzan los Batres (Lenia o Marti), o Cravioto, o Andy, o la Alcalde. Porque el miedo no anda en burro. Lo que ello signifique para la milusos de Citlalli.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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