Charco sin destino
Hubo un tiempo en el que se movía no salía en la foto, pero el mundo mudó al video: hoy, quien no chapotea tres veces al día en las redes no puede aspirar a ser político, candidato, analista o caricatura… ¡bueno!, ni jirafa.
Quien más se denigra, como quien nadó en los charcos de Reforma en el Mundial, es hoy defensor de eso que llaman transformación y prostituyen lingüísticamente como soberanía. ¿Se siente usted defendido en su fuero interno, familiar y social por la Julietona (no se ría), por la cuñada de Monreal (no vomite), o por el imbécil de Nieto y su esposa consejera electoral?
Hay ya en la desfachatez quien sale a decir que él no declara nada, como si no declarar, igual que guardar a Rocha Moya o esconderse en La Chingada cambiase la realidad, pero si no es para declarar a qué sale.
Hoy hacer política en México es hacer sistemáticamente el ridículo en redes, lo que, además, se ha hecho viral y pandémico: las abuelitas abandonan las pantuflas y nietos para ser entrevistadas por si se les cruza alguna candidatura olvidada en algún partido de viejos amoríos, ignominias y desencuentros: uno nunca sabe, tal vez una diputación que todo lo vale, ¿quién dijo ignominia?
Jóvenes que chapotean entre la autodenigración y la miseria humana, cuando no en concupiscencias hijas de un feminismo oportunista y de cuota. Nuestro análisis político aprovecha el medro entre un envalentamiento rijoso y de raiting, la explotación del escándalo y la vulgaridad hecha intelectualidad.
Y, claro, un gobierno que explota un “más-y-osare” grimoso, gandalla, ofensivo, cuando no ejerce soberanía efectiva en la totalidad del territorio y población nacionales. Una soberanía mediática, espectacular, rijosa, repetitiva sin contenido, credibilidad ni apariencia. Una risa nerviosa, una mirada perdida, un mensaje sin mensaje, un vestuario sin entidad.
¿Hasta dónde llega la realidad de Sheinbaum? Hasta donde empieza la realidad de México, más allá de Salón Tesorería, del despacho presidencial, de la gira finsemanera en sus camionetotas machuchonas, de sus medicaciones, sean cuales sean.
La política hoy es exposición, deshonra, contradicción, miseria, indignidad, locura, abdicación y vestuarios. El gran Netzahualcóyotl escribió “no acabarán mis flores, no morirán mis cantos”, pero ¿qué pasa cuando ya ni canto ni flores son posibles? ¿Cuándo solo queda lo que es y hay: la nada?
Sheinbaum podrá vestir de flores, señorear las mañaneras y revestirse de heroínas, pero la política es entre seres humanos en la realidad y el hoy y aquí, no mediada, y cada vez será menos conforme lo vayamos entendiendo.
Claudia chapotea en un charco sin destino.
#LFMOpinion
#Parreshia
#Redes
#Politica
#Selfie
#Charcos
Comentarios