La diferencia entre ser y simular
Observo al primer ministro canadiense y contrasto su respetuoso, auténticamente patriótico y digno discurso de cara al rijoso, vacuo, demagógico, populista, emético, oportunista, faccioso y lamentable de Sheinbaum.
¡Me avergüenzo de ser parte de este México!, que es hoy todo lo que no debiera ser, ni nunca antes fue.
Somos como las utopías de la disfrazada para fiestas de brujas Brugada: no son.
Aquélla, Sheinbaum, insiste en su desvarío de una soberanía de facinerosos y negación de la realidad por una inexistente popularidad.
¡Qué lamentable diferencia!... y futuro.
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