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Cuidar la unidad de los fieles con el clero

Foto: lfmopinion.com


Tiempos diíciles.

La intromisión del poder civil

Hasta ahora hemos visto cómo la opción del Episcopado Mexicano fue la unidad y la disposición por negociar ante el Gobierno Mexicano a través de las Cámaras.

La carta, es una contestación al señor Secretario del Subcomité Episcopal, por parte del Episcopado, continúa así:

"Por donde se ve que el punto en que todos hemos convenido: la Santa Sede, el Episcopado y todos los ciudadanos católicos y no católicos, con excepción de los poquísimos que se ven obligados por la necesidad o por compromisos secretos a adular y apoyar al Gobierno, es este : en pedir la reforma de las leyes, conforme a las peticiones contenidas en nuestro Memorial enviado a las Cámaras el 6 de septiembre de 1926. Luego los que hemos sostenidos estos puntos de vista y las peticiones del Memorial hemos sido fieles a nuestros principios y a las instrucciones recibidas, y hemos procurado conservar la unidad; por lo que malamente se nos pudiera tachar por esto de intransigentes o díscolos.

"Por consiguiente, emprender ahora nueva revisión o discusión de los mismos puntos, ( se refiere al Memorial presentado a las Cámaras) sería difícil, desedificante y peligroso: difícil, por la dificultad de comunicarnos las razones que tuviéramos para apoyar o rechazar alguno de esos puntos ya discutidos; desedificante, porque los fieles podrían decir, como de hecho ya lo han dicho algunos, que si ya lo habíamos pensado bien, para qué volvíamos a discutirlos, y si no, para qué nos habíamos aventurado a dar el paso que dimos, imprudentemente; y peligroso, porque en la desorientación de los espíritus y de las opiniones, de lo que tal vez no se han dado cuenta nuestros Hermanos que están fuera del país, la reconsideración y el cambio de esos puntos podrían ocasionar división, escándalo y desprestigio del Episcopado."

Se constata que lo que se busca es mantener una postura de unidad en el Memorial presentado y por eso se señala lo siguiente: "La falta de uniformidad en sostener las peticiones del Memorial y, sobre todo, el que algunos de los Hermanos hayan dejado entrever que se puede ceder en muchas cosas o en algunas, ha frustrado en gran parte el que se haya obtenido y se obtenga el buen éxito de nuestra causa, que todos anhelamos.

“Por una parte, esas vacilaciones han causado desazón y alarma entre los buenos católicos, al considerar que sean inútiles todos los sacrificios hechos y sufridos hasta aquí, sin alcanzar la libertad de la Iglesia; y por otra, esas misma vacilaciones han envalentonado a nuestros adversarios, que ven en ello la esperanza de consolidar sus perversas conquistas y de proseguir en alcanzar otras mayores, ya que, dejando ahora sentados estos principios, podrán más tarde desarrollar sus consecuencias, hasta minar los cimientos de la Iglesia y destruirla completamente en nuestra patria.
“Esa intromisión del poder civil, tal y como lo pretende el Gobierno Revolucionario de México, fue una de las principales causas, dice Mons. Parisis, que prepararon los grandes Cismas de Oriente y de Inglaterra, que tantas lágrimas y tantos dolores han causado a nuestra Madre la Iglesia." (ASV. Arch. Delegación Messico busta 48, f249, p49)

Las ideas que acabamos de leer, expresan claramente una visión más universal del problema y de cómo se vive en México una situación que ya ha sucedido en otros tiempos y lugares. La lucha de los liberales Jacobinos en contra de la Iglesia.


Si nos hubieran visto más unidos

La preocupación del Episcopado era cuidar que no surgieran divisiones entre el clero y los fieles, que a su manera lo identificaban como una pretensión del Gobierno Mexicano.

Y de esta manera lo señalan: La intromisión del poder civil "... pueden producir entre nosotros la ruina de la Iglesia en nuestra patria. La intromisión desorganiza la Jerarquía y corrompe al Clero, mientras el silencio acalla y desarma a los Pastores, para que los lobos puedan hacer destrozo en las ovejas del redil que les han sido encomendadas."

El sentir de muchos, "que son personas sensatas y prudentes, que si desde un principio nos hubieran visto más unidos y firmes en las resoluciones tomadas, quizá ya se hubieran convencido nuestros enemigos de que no había más remedio que dejar a la Iglesia en pleno uso de la libertad que pedimos y no se hubieran hecho más pertinaces y sostenidos en sus pretensiones de exterminio."

El ambiente de desconcierto aumenta ante las declaraciones hechas en Cherburgo por el Ilmo. Sr. Ruiz cuando iba a Roma al señalar la posibilidad de un arreglo a medias con el Gobierno Mexicano. Y los mismos católicos de toda la República, se preguntaban que hay de verdad en ello, acorde a algunas declaraciones periodísticas. Y las reflexiones continúan así: "... que la Santa Sede está dispuesta a entrar en arreglos y a ceder en sus peticiones, aún cuando no se haga previamente la reforma de las leyes; y así como hay angustia en los católicos, hay satisfacción maligna en nuestros enemigos, quienes ya se ríen y se burlan de nuestra debilidad y poco tino, aún para lanzar al mundo noticias semejantes. Lo siento en el alma; pero esta es la verdad. Aún se extrañan que la Santa Sede, que había mostrado tanta firmeza y constancia en sus resoluciones, sin que aparezcan razones de cambio, autorice las declaraciones que ha hecho el Ilmo. Sr. Ruiz, en caso de que sean ciertas. Porque hay, como consuelo en esta nueva desventura, la esperanza de que los periódicos, a semejanza de lo que han hecho otras veces, hayan exagerado las noticias y puedan estas ser desautorizadas y desmentidas. Lo que comienzan a decir los periódicos de aquí, que la noticia ha sido muy bien recibida por los católicos, no es cierto; sino que como no tenemos periódicos católicos, ni siquiera independientes, los que hay procuran adular al Gobierno y ayudarle en sus tendencias maquiavélicas, por conseguir que siquiera les concedan vida precaria y de bajeza."

Y continúa: "Los seglares que aquí entre nosotros opinan por mayores transacciones de las que se han hecho, son generalmente los que por miras políticas o económicas, muchos de ellos contaminados de liberalismo o influenciados por ellos, se contentaron con una solución incompleta de las cuestiones pendientes." ASV arch. delg. Messico, busta 48, f 249 n50


El malestar en que viven muchos Prelados

De la carta que escribe el 14 de julio de 1926, el Ilmo. Antonio Guizar Valencia, Obispo de Chihuahua, a Mons. Tito Crespi, encargado de la Delegación Apostólica, en México (ASV, arch.del.Messico, busta 48. F249 n10-11), se aprecia:

"...el Gobernador ha mandado que nos presentemos a registrarnos en la Secretaria de Gobernación del Estado, personalmente, todos los sacerdotes, en los días de este mes. Este mandato no precisa si es como nota de estadística ni da determinación alguna del fin del mandato, pero aparece como apéndice del decreto que fija un número no mayor de sacerdotes en el Estado que a razón de uno por nueve mil habitantes. De hecho quedamos comprendidos todos los sacerdotes que ejercemos el ministerio, pues con la prohibición para los extranjeros dejaron de ejercer 18 sacerdotes que han salido del país, excepto cinco religiosos que no ejercen y permanecen en esta ciudad, casi ocultos."

Y cierra su carta diciendo lo siguiente: "Yo deseo evitar un desastre religioso en la Diócesis, si se puede evitar sometiéndonos a esas prescripciones; pero si cumplir con ellas es ilícito, como me parece más bien, evidentemente que no debemos cumplir tales mandatos, cualesquiera que sean las consecuencias."

Y los Prelados Mexicanos relatan su situación ante las acusaciones de ser intransigentes por parte del Ilmo. Y Rmo.Sr. Arzobispo de Michoacán, Dr. D. Leopoldo Ruiz y Flores, de la siguiente manera:

"... Hemos cedido en nuestros derechos de ciudadanos, cuando hemos cedido a todo lo relacionado a nuestros fueros canónicos; cuando hemos prescindido de nuestro bienestar y nuestra vida; cuando nos hemos dejado despojar impunemente de nuestra libertad y de todos nuestros bienes; cuando en nuestro Memorial no hemos pedido toda la libertad a que tenemos derecho, no sólo como pueblo íntegramente católico, sino aún dentro del régimen liberal que tenemos y que no hemos intentado cambiarlo por otro, a que también tuviéramos derecho; cuando no exigimos la reparación de todos los males causados por las Leyes de Reforma y de otros gobiernos liberales; cuando ni siquíera pedimos en dicho documento las restitución de los bienes y derechos de que se había despojado a la Iglesia, a los Prelados, a los sacerdotes y a los fieles católicos antes de 1917; en fin, cuando al hacer la revisión de todo cuanto debiéramos en buen derecho haber pedido, apenas hemos solicitado lo muy indispensable porque qué medio pueda subsistir la Iglesia Católica en México y luchar, con desventaja, contra sus poderosos enemigos...

"... No se han dado cuenta de las dificultades que hemos tenido los que aquí nos quedamos (pues algunos se vieron obligados a salir fuera del país), para contener a algunos grupos de católicos que a toda costa desearán ofrecer a Cristo Rey un Estado no liberal, como éste en que tal vez quedaremos después de pasado el Conflicto actual religioso, sino completamente integral y católico, según los ideales de libertad y democracia verdaderamente cristianas"


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