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El  #MeToo y la seducción

Foto: lfmopinion.com


Decadencia de la seducción

Aunque los medios de comunicación andan desde temprano al morboso acecho de constatar cuánto resbala el presidente misionero en las mañaneras, también hay otras noticias mórbidas en referencias a la desigualdad. Que bueno que así sea, que esté de moda denunciar el acoso sexual y el abuso hacia el género generalmente conocido como el más débil y delatar todas las injusticias, desde el salario que no debiera de ser desigual sólo por lo femenino, hasta el tiempo legal y permitido de ausencia laboral por maternidad. Evidentemente, es de urgente necesidad combatir con éxito las inaceptables e intolerables violaciones, torturas y otros crímenes contra las mujeres y algunos hombres, generalmente jóvenes.

La trata de personas, el secuestro y la desaparición, la prostitución forzada, el comercio de jovencitos y niños, la pedofilia y pederastia son crímenes que debieran castigarse sin excepción y avergonzar a toda la población, por más que en algunas sociedades, religiones y países, estas prácticas sean comunes, aceptadas por tradición e incluso eventualmente fomentadas.

Al mismo tiempo, estamos en la decadencia de la práctica de seducción, cuando menos como la conocimos desde hace algunas generaciones, como una suave locura y juego de complicidades, con miradas recíprocas inquietantes, cartas en clave, flores, poesía y serenatas, promesas mutuas y manos sudadas, largas llamadas telefónicas, idas al cine, a lo oscurito, bailes de cachetito y otros miles de trucos o estratagemas para robar un beso, una caricia o empezar ahí rumbo al altar o al registro civil. Tanto te quiero que no puedo vivir sin ti; hoy cambió por tanto te hiero… Hoy un hombre o una mujer puede acabar en los tribunales si se le acusa de amar unilateralmente, o manifestar su deseo, o ver lascivamente (sic) o tener relaciones sin consentimiento expreso. No es No, dicen las interfectas e interesados, y no parece que haya poder humano que los convenza de lo contrario.

¡Qué tiempos aquellos cuando sabíamos que cuando una dama dice No, es Tal vez. Cuando dice Tal vez es Si; y cuando dice Si, no es dama!

Ahora la violencia, la soledad, la rutina, el ritmo de trabajo y la dificultad de relacionarnos marcan la pauta de la decadencia de la seducción, que ya es definitivamente antediluviana, por más que se extrañe esa condición romántica que provoca una cadencia acelerada en el corazón, en el cerebro, en los ojos, en la boca, el olfato y la saliva, en otras partes alícuotas atentas y visibles, y principalmente en nuestro espíritu. La conocida psy animé grecolatina. Un ritmo que Romeo y Julieta vivieron con intensidad.

Entiéndase: qué bueno que se denuncia la violencia, el abuso, los feminicidios y demás crímenes de bajeza ruín, sin embargo, algo de calicatencia en nuestras relaciones se ha perdido con la prohibición tacita del cortejo y la seducción, tal vez también por la velocidad con que vivimos en el conocido apotegma “time is money”, en la influencia progresiva del “american way of life” y en la necesidad de privilegiar relaciones productivas, de gratificación inmediata, sin compromiso, y también, acaso, de desilusiones rápidas. Por ejemplo los llamados ‘free’ de fin de semana…o el piso y corro a ‘Home’.

En este marco de falta de compromiso amoroso, de abuso sexual, de carencia de seducción, Tarana Burke, nacida en 1973 en el Bronx, fundó el famoso movimiento de “#MeToo” para combatir y llamar la atención a la permisividad, al abuso y al asalto sexual. Este movimiento de denuncia se convirtió en ‘hashtag’ a partir de las acusaciones al respecto contra el productor fílmico Harvey Weinstein, hoy en proceso judicial bajo fianza de un millón de dólares, y que deberá presentarse a juicio en junio próximo. En 2017-18 decenas de mujeres lo acusaron de violación, asalto y abuso sexual en un periodo de cuando menos 30 años. De ser encontrado culpable podría pasar el resto de su vida en la cárcel.

En nuestro país, se puede inferir que las denuncias de acoso en #MeToo, aunque importantes, son aún menos relevantes, en general, que las cifras oficiales que consignan un lamentable crecimiento de feminicidios no solo en los últimos 3 años, sino en los últimos meses, ya en el nuevo régimen moreno, y en espera paciente de que la Guardia Nacional funcione, mientras la violencia sigue en aumento.

Tan es así, que en el llamado ‘índice mundial de peligrosidad’, recién publicado este año, México ocupa el nada honroso lugar número 144 entre 180 naciones.

Los países menos peligrosos según ese estudio profesional son Noruega, Finlandia, Suecia, Holanda y Dinamarca, mientras que EUA se ubica en el sitio 48, por abajo del Uruguay y Chile, en nuestra América.

Alrededor de nosotros, con similar ambiente criminal e índice de peligrosidad, es decir, de falta de seguridad, están Pakistán, Cambodia, la República Centro Africana, Honduras y Venezuela.

Cabe señalar que en la UNAM, por ejemplo, se reconoce un serio problema de acoso sexual. Se sabe que de cada 10 casos denunciados, 7 son entre profesores y alumnas. Aunque la mayoría son denuncias anónimas, comprenden acusaciones desde actitudes discriminatorias hasta violaciones e incluso asesinatos.

En forma paralela, un caso reciente me asombró, se trata del suicidio de Armando Vega Gil, integrante del grupo musical Botellita de Jerez, quien fuera acusado por acoso en forma anónima en #MeToo. Se dice que fue denunciado por una mujer, por hechos ocurridos supuestamente cuando ella tenía apenas 13 años de edad. El músico declaró varias veces públicamente su inocencia; sin embargo, decidió, lamentablemente, quitarse la vida.

En un país eficiente y con recursos suficientes de justicia, lo que no es el caso, sería natural que la autoridad e investigadores esclarecieran los hechos, pero ya se sabe que aquí, la mayoría de las veces no se tiene capacidad para hacerlo. Siempre nos quedamos con las ganas de saber bien a bien el por qué de las cosas y con el morbo de oírlas esclarecer en las mañaneras, a pesar de las incesantes y muchas veces infundadas y exageradas críticas, lo cierto es que es un innegable medio efectivo de comunicación, aunque monótono, que retrata preocupaciones sociales, estado de resultados de temporal y revela escollos en el rumbo y dirección de la nave.

En síntesis: aplaudo aunque con reservas el movimiento de denuncias “#MeToo”. Creo que quien se atreve a participar ahí, nunca debiera de hacerlo en forma anónima. Propongo, en memoria de Armando, de Botellita de Jerez, un apartado de contra réplicas y aclaraciones.

Rechazo la violencia de género en todas sus expresiones y creo que debe castigarse todo abuso, todo acoso sexual e infamia.

Al mismo tiempo, no renunciaré nunca a mi derecho a jugar con lo erótico e inventar; en síntesis: a seducir.



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