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SUSTENTABILIDAD INDIVIDUAL

INDEPENDENCIA Y DEPENDENCIA II
El perfil de los simpatizantes y votantes del Sr. Trump son mujeres y hombres blancos, caucásicos en el 90% de los casos, evangélicos en el 30%, que se sienten ofendidos por el liberalismo reciente, por haber tenido un presidente de color (Obama ocho años), más apegados al conservadurismo, que se han identificado ciertamente con las causas del partido republicano, con un nivel educativo bajo en el que sólo el 45% terminó la secundaria, muchos de ellos solteros o divorciados, que no conocen lo que es contar con un título o grado académico y cuyas edades oscilan entre los 45 y 65 años de edad, que consideran que el principal problema en su país es el migratorio y después el económico, que no se alarman por la violencia intrafamiliar pues de hecho han sido víctimas en su infancia de alguna forma de agresión y en algunos casos la practican.

Son personas con un alto resentimiento por no haber conseguido “igualdad” en un sistema económico del que se sienten excluidos, que no pueden aceptar algún nivel de corresponsabilidad en lo que acontece en su país, aficionados a la guerra y creyentes de los superhéroes, consumidores en altas proporciones de comida chatarra y refrescos, apartados de una cultura pro medio ambiente y de fomento cívico, cuyo único nivel de participación en la vida democrática de su país es emitir su voto.

El 60% de este electorado no aprueba las propuestas ni plataformas de los partidos políticos, no mantiene ningún tipo de contacto con los representantes ni políticos de su circunscripción y no hablan de política. Son personas convencidas de que su simpatía hacia un candidato específico es suficiente para que cambien sus vidas; y que su voto lo merece aquél que expresa más odio o promete mayor violencia.

Extraña la saña, el deseo de aniquilación al prójimo y la adoración al neo fascismo de esa gente, que vieron desde su particular óptica un heroísmo en sus padres al “liberar” a la Europa del siglo pasado de las garras del fascismo de Hitler, y en sus nietos a una población desprotegida y vulnerable a las amenazas terroristas del nuevo milenio. Pero en los hechos, se erigen como adoradores del mismo mal demoniaco.

Lo inaudito desde luego es que están convencidos de que les asiste la razón y que tienen la verdad absoluta. Y así se puede constatar en una entrevista hecha pública por CNN con Alisyn Camerota, quien pudo reseñar que lo que más le gustaba a ese tipo de electorado respecto de su candidato era que “es de hechos y no palabras”, que “no es político”, que “quiere hacer grande a América como alguna vez fue” (sin dar cuenta que América es todo el continente), que “dice lo que piensa”, que “tiene todas las habilidades para recomponer la economía”, que “su política de migración atiende el problema más importante”, que “es un empresario y desarrollador, que dispara directo y quiere hacer algo en la frontera”, porque “la clase media ha sido destrozada en los últimos 30 años”.

Son votantes en general que le justifican y defienden todos sus tropiezos e incluso sus actitudes grotescas, imprudentes y ofensivas. Quizá sea resentimiento a la vida, quizá al propio fracaso, quizá una respuesta a la injusticia y marginación que han padecido a lo largo de sus vidas.

Lo que llama la atención es que este segmento de la población ha sido el que más ha padecido las recientes crisis en su país, al mismo tiempo que los sujetos responsables de ello son quienes tienen una idiosincrasia y mentalidad similar a aquellos por quienes desean votar. Son los mismos que ocasionaron la crisis económica y financiera del 2008 y que dieron lugar a uno de los mayores actos de corrupción en la historia: el rescate del sistema financiero por 700 mil millones de dólares, pensando que lo que hicieron, lo hicieron en un contexto común de los mercados y con las herramientas legalmente aceptadas.

La crisis se aceleró desde el 2007 cuando estalló la crisis hipotecaria en Estados Unidos que generó desequilibrios sumarios en los mercados financieros y en la propia solvencia del sistema de pagos de los Estados Unidos, a tal grado que se requirió del salvamento del gobierno estadounidense. Siendo que muchos de los desequilibrios se suscitaron por una intensa desregulación financiera, a instancia de los que claman aún en el nuevo milenio, que resurja la mano invisible poderosa de todos los equilibrios, que a su decir, fluyen como la naturaleza misma y la mano de Dios – como si Dios tuviese culpas de las tropelías de los humanos.

De tal forma que hubo una disociación entre la economía real y la de especulación, como es natural, hasta atestiguar el surgimiento de nuevos instrumentos especulativos que elevaban la rentabilidad y el riesgo, aumentando la artificialidad en una especie de burbuja en la que se movían prácticamente todos los sectores y ramas de la producción, para terminar reventándola como sucede con un globo que no soporta más la presión. La crisis hipotecaria contagió la totalidad de los activos financieros que cuando se hicieron tóxicos contaminaron y desmembraron la economía real. - esto, a la fecha, no ha cambiado, sino solo se suministró una píldora para el dolor que no cura en nada la enfermedad. Esperemos nuevas noticias pronto, que serán más elocuentes.

Debido a la interacción de los flujos externos de capital la crisis local pronto se convirtió en global, y al provocar que las miserias de unos mostraran las miserias de otros, la exposición fue tal, que en poco tiempo todos estaban a cielo abierto. A la buena de Dios.

Cuando se insistía en que se trataba de un reajuste natural, la insolvencia se expandió con rapidez y con ello la insignificancia de la fuerza económica individual, familiar, empresarial y nacional. Hasta acentuar todavía más la mayor vulnerabilidad de la economía estadounidense: su alto endeudamiento.

“El mercado puede permanecer irracional más tiempo del que usted puede permanecer solvente.”

- John Maynard Keynes –


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