Lloroña
Despechado, Noroña dejo correr la pluma al ritmo de su frustración, desbocada, la pluma cambió el diablito y las cajas vacías por una prosa epistolar más horrorosa que pastosa. Y no, hoy no lo cacheteó Alito, ni lo corrieron a gritos de ningún lugar, ni le preguntaron por su modus vivendi, solo sus pares lo despreciaron no concediéndole su capricho a presidir nuevamente el Senado de la República y fue contra esa ofensa que recetó urbi et orbi la tinta que dejo correr cual locura y sin suerte, porque no creo que nadie desee leerlo, ni caso tiene, quien lo intente no va a encontrar nada que no haya escupido durante décadas.
Solo él, ¡claro, según él!, es capaz de defender dignamente a la patria, sus compañeros senadoras y senadores son un hato de pusilánimes, y el Senado un campo de batalla, no institución política y democrática.
Pero tengo para mí que en las motivaciones del in-ínclito y su soflama no hay ni osadía ni patriotismo posibles. El valiente no va por la vida haciendo ostentación de su bravura, simplemente lo es cuando tiene que serlo. Lloroña se aduce necesario porque se sabe superfluo, desdorado y apestado, y se hace el épico porque tiene para él cierto que su fuero no le habrá de ser suficiente para protegerlo de una posible persecución judicial norteamericana que obligue a México a abrirle aquí carpetas de investigación y que, como a Rocha, ya nadie le grite "todos somos Noroña". Por eso le urge regresar a la presidencia del Senado, no para defender a México, sino para defender su libertad. ¡Algo sabrá!
De nada le valdrá haber defendido a Andy y a su papí: "atrévanse a tocarle un pelo". Pobre, sabe lo que le espera. Preparémonos para más prosa emética... cómo si con la de los López no nos sobrara.
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