SUSTENTABILIDAD INDIVIDUAL

SOBREVIVENCIA EN EL CORAZÓN II

SOBREVIVENCIA EN EL CORAZÓN II

A los dos años regresé para ascender al Everest promoviendo una campaña que decía “Por el rescate de nuestros valores y la unión de los mexicanos”. Tuve el privilegio de ascender con mi hermano del Himalaya (Achu) Carlos Guevara - y con el Sherpa más fuerte del mundo en ese momento, Babbu Chiri, con dos suecos y cinco sherpas, los únicos diez personas que permanecíamos a lo largo de la montaña - luego de haber realizado dos intentos a 8,000 metros el primero y a 8,400 el otro. En tres semanas habíamos registrado tres ascensos a 8,000 metros de altura y más. En el tercero, el definitivo hacia la cumbre, como premio al esfuerzo, a la voluntad y determinación, pudimos presenciar el amanecer más extraordinario en nuestras vidas, inmediatamente posterior a un gran espectáculo cósmico que vivimos desde los 8,400 metros en “El Balcón”, cuando avanzando por una arista, contemplamos estupefactos el único planetario real, un cielo oscuro, muy oscuro, impregnado por miles de estrellas e infinitas hacia todos lados. Y hasta abajo.

También en ese 1999 tuve el honor de conocer a Elsa Ávila, la primera mexicana en ascender a la cumbre de la montaña más alta del mundo, una grandiosa persona que respeto como mujer y que admiro por su extraordinaria fortaleza. La dama alpinista más fuerte que he conocido. Elsa que además de alpinista ha sido una mujer de vida digna y dedicación, como la mayoría de las mujeres mexicanas, de nuestras mujeres que son sagradas para la Patria y la esperanza para alcanzar el progreso nacional. Hoy ya son 20 años del primer ascenso al Everest por una mexicana y de mi segundo ascenso a esta maravillosa montaña.

Un año después, ya en el año 2000, regresé por tercera vez para bajar 500 kilos de basura desde 8,000 metros de altura: sería mi forma de agradecer a mi montaña por ese primer ascenso de sobrevivencia a más de 8,600 metros de altitud. Lo propio hicimos en los volcanes de México para ser congruentes. A finales de ese mismo año renuncié al gobierno después de haber trabajado durante 12 años ininterrumpidamente. Cuando joven había puesto la fe en que desde el gobierno podría ayudar a mejorar la vida de muchos, a hacer de México un mejor país para todos, más justo, con bienestar. Debo decir que tuve la suerte, si se vale el término, de conocer en el sector, gente que como yo compartimos el mismo sueño. Porque en el gobierno también existe gente dedicada y buena, valiosa, mexicanos esmerados y ansiosos por hacer el bien. Pero, ¿qué es lo que nos sucede en el camino? ¿Qué es lo que ocasiona el tiempo?

Al paso de los años, noté que los cambios en nuestro país no sucedían, por el contrario, todo empeoraba. Y transcurrieron esos 12 años. Así que, sin estériles cuestionamientos, ni crisis existenciales, sin buscar aferrarme a un puesto, un sueldo, o una posición burocrática funcional, abandoné el gobierno – en los años posteriores y no siendo suficiente, todo estaría peor.

“Como diamantes, esparcidos arriba unos y otros, desproporcionadamente pegados entre sí, por cualquier ángulo, hacia la derecha, a la izquierda, y bastante hacia atrás, al fondo, en formas asombrosas: alrededor de nosotros estaban las estrellas. El cielo refinadamente profundo, decididamente oscuro, descremado con un perfil níveo inmaculado por la luna, trayendo modulaciones en azul marino y otros del mar que rasgaban la tela orbital. A lo más lejos que se pudiese ver, la vida aparecía reluciente, tanto que aclaraba la mente y prendía las fantasías, exactamente en la circunferencia de la arista hacia la esfera celestial. A la izquierda Nepal y el mundo; a la derecha el Tíbet y más mundo. Las estrellas aún sin movimiento, por todas partes, expectantes, siguiéndote a ti, siguiéndonos a nosotros. Las volvíamos a ver, una y otra vez, y después de nuevo, impresionados, estando quietos, distantes a dar el siguiente paso; olvidados ya de por qué estábamos ahí. Tanto era el agradecimiento. Avanzamos nuevamente, tocando nuestra montaña cuidadosamente con los pies, hasta con las rodillas en punta, sin importar a dónde íbamos, sin saberlo al menos. Una exhibición plena de la naturaleza, fundida en el universo, en un imponente espectáculo que arrancaría al más insensible de su apoltronamiento, que te distraía en su fuerza divina. Te sumergía hasta perderte en la belleza y armonía de la energía real, la auténtica. Era como acercarnos a la parte más alta de esa sola bóveda del firmamento que te permite admirar inclusive las estrellas por debajo de nosotros: el único sitio en donde lo he presenciado… Luego, en menos de dos horas, del horizonte vi una raya fina de luz: precisamente delgada. Aproximándose la mañana; ideal, era lo que necesitábamos. Me volví a Carlos y le dije: ¿Estás listo para ver el amanecer más bello de tu vida?”- (Fragmento del del libro “Un Sobreviviente del Everest” de Hugo Rodríguez Barroso).

“El cielo nunca ayuda a la persona que no está dispuesta a actuar.”

- Sófocles –

Hugo Rodriguez B.

Hugo Rodriguez B.

Nací en Tlalpan, Distrito Federal y cursé tres licenciaturas: en Comunicación, en Derecho y en Economía. La Maestría en Administración y el Doctorado en Ciencias. Adicional a mis actividades académicas, destaqué en los ámbitos deportivo y profesional. Deportivamente, ascendí en dos ocasiones al Monte Everest y soy el único ser humano que sobrevivió una noche en las inmediaciones de la cumbre sin oxígeno, tienda de campaña ni sleeping bag, situación de sobrevivencia que me fortaleció en disciplina y determinación para lograr todo lo que me he propuesto en la vida. Adicionalmente crucé a nado en dos ocasiones el Canal de la Mancha. Además tengo el récord mundial de larga distancia en nado de mariposa de 70 kilómetros de Cozumel a Cancún. Fui galardonado con el Premio Nacional del Deporte en 1986 y el Deportista del Siglo en el año 2000 (con 55 deportistas más de diversas disciplinas). He sido considerado como uno de los deportistas de extremo y alta resistencia más destacados del mundo.

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