RAÍCES DE MANGLAR

Temporada de Brendas

Temporada de Brendas

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Cómo pueden dos criaturas tan disímiles compartir las mismas dos sílabas esbeltas, el mismo par cuyo sonido es como abrir y cerrar la puerta.

"Brenda", si hasta escribirlas juntas en el mismo párrafo me remite a novelas distintas. No acude a mí, pues, la puntual cacofonía: Brenda y Brenda, la una y la otra, juntas, en mi pluma, sin saber cuál de ellas es la una.

Aquella, sentada, leyendo a William Faulkner mientras bebe agua de limón. La otra sin pruebas fehacientes de serlo, con su prosa incendiaria, aspirando a ser lo que ya es. Una irreducible, otra inaccesible, ninguna respectivamente.

Brenda, de piel blanca con detalles rosados y prolijos. Atrapada detrás de sus gafas, porque la mujer es alma y el alma son ojos. Su manera de comer tan precisa, es paradoja de su hambre literaria; devora libros y transmuta autores en vivencias no vividas. Denota ternura, connota sabiduría.

Brenda, sinfonía apiñonada. Sus bucles cuelgan de la razón, y por la razón se enredan. Enmarañados, son cadenas tersas que arrastran a los infelices hasta la ignominia. Asidua pero temerosa de la palabra placer. Erudita y directa, némesis de los circunloquios.

Brenda y Brenda, dueñas del mismo nombre, pero de distintas llaves, que caminan imperativas hacia la misma puerta. Y yo, testigo inútil de sus andares. Versión anónima del personaje secundario, que escribe con una mano que quisiera ser dos o brazos o cuerpo. Escribiendo, relatando esos andares ligeros de mujer inalcanzable: temporada de brendas.

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Francisco  Cirigo

Francisco Cirigo

En su novela Rayuela, Julio Cortázar realiza varios análisis sobre la soledad, exponiéndola como una condición perpetua, absolutamente fatal. Dice que incluso rodeándonos de multitudes estamos “solos entre los demás”, como los árboles, cuyos troncos crecen paralelos a los de otros árboles. Lo único que tienen para tocarse son las ramas, prueba inequívoca de la superficialidad de sus relaciones. Las personas somos como árboles y nuestras relaciones son ramas, a veces frondosas y frescas, a veces secas y escalofriantes, pero siempre superficiales. Nuestros troncos son islas sin náufragos posibles.

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