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Insistir en ser esclavos

Insistir en ser esclavos
Costumbre.

SERIE: REFLEXIONES SOBRE PSICOLOGÍA POLITICA




Los políticos llegan a la cumbre del poder porque en general tienen un gran apetito de él, se han preparado para dominar y controlar a los demás de muchas maneras. Por ello en nuestra historia hemos visto multitud de formas de subyugar a los individuos y encumbrarse en el poder, dominar y someter al pueblo, con o sin su consentimiento.

Destacan particularmente los que edifican un gobierno autoritario o incluso llegan a crear un régimen tiránico. En ambos casos logran que las masas asuman su papel de víctimas y se esclavicen, al no mostrar ningún tipo de rebeldía y sí sometimiento a los caprichos de aquellos que ostentan el poder. Sean justas o no, las indicaciones o las leyes que logran imponer.

Etienne de la Boétie, en su Discurso de la servidumbre voluntaria, nos recuerda "que los hombres pierden su libertad por ser engañados, pero engañados por sí mismos con más frecuencia que seducidos por otro... Resulta increíble ver como el pueblo, una vez que se encuentra sometido, cae frecuentemente en un olvido tan profundo de su libertad que le resulta imposible despertar para reconquistarla."

Se esclaviza uno mismo al otorgarle validez a las propuestas de la autoridad y estar convencido de que tienen la razón, porque por la imposición y el miedo, tarde que temprano surge la insubordinación. Mientras tanto hay una firme decisión de creer que es uno mismo el que acepta ser dominado y consiente seguir así, sin su libertad.

Así ha sucedido a lo largo de la historia, el pueblo otorga su libertad a cambio de una esperanza, promesas o beneficios que le son importantes.

Simplemente lo aceptan y no reclaman, se acostumbran a una "libertad muy limitada" porque se ha perdido la noción de libertad y se reconoce que vivir bajo la tutela del amo y el gobierno es mejor que ejercerla plenamente.

Los domadores de animales saben muy bien que se puede someter a la bestia más resistente, sea con alimentos, caricias, refugio o el látigo. Pero acaban doblegado la voluntad de libertad que tienen los animales en forma natural. De la misma manera, los seres humanos comprendemos que se puede conseguir el sometimiento y la obediencia, por las buenas o por las malas; pero que es preferible lograrlo por la primera.

Pero igual sucede en los hombres como en los animales, si alguno ha nacido en cautiverio, no sabe nada de la libertad ni aspira a ella, las rejas y su celda es el territorio que conoce y se adapta a ello. En cambio, el que es capturado, busca la manera de escapar. Por lo que son muchas las generaciones que no tienen problema para aceptar las limitaciones que imponen los gobiernos, en especial los autoritarios, porque simplemente no conocen otras alternativas y ya damos por hecho de que las cosas ya son así. Reconocen al opresor ; pero no se resisten a él. Cuando ya has nacido bajo el yugo, no conoces otras alternativas más que cumplir con lo que te asignan.

Por ello los gobiernos y autoridades centrales, al entender este mecanismo de auto-esclavitud y sumisión, tienen que mantener viva la esperanza que nutre su entrega y crear entornos que mantengan al pueblo doblegado, como discursos, gratuidad de alimentos, espectáculos, medallas, honores y todo cuanto evite que descubran que viven en la esclavitud y traten de revivir un intento por reconquistar su libertad.

Los instrumentos que posee el poder para perpetuar la esclavitud voluntaria, han sido los mismos de civilizaciones anteriores; tan sólo se han sofisticado.

Recordemos los espectáculos de los gladiadores y el teatro, con su versión actual en los medios diversos para entretener al pueblo y alejarlos de su consciencia de esclavitud.

Comprar la voluntad de los inquietos con dinero, bienes, festivales y todo tipo de obsequios han ayudado a que el pueblo esté contento con su tirano y sea capaz de gritarle con entusiasmo "long live the King".

La Boétie nos recuerda que un pueblo puede ser tonto y no darse cuenta que lo poco o mucho que le dan es sólo una parte de aquello que le pertenece y que le han despojado. Solo le devuelven una pequeña parte de lo que le han quitado, pero el pueblo lo ve con muy buenos ojos, pues considera que es generosidad de su gobernante.

Los autoritarios y tiranos, además, cuentan con el recurso de presentarse como personas iluminadas y cercanas a la divinidad. Y por ello, recurren frecuentemente, a la ritualización, al sermón, al manejo simbólico de pertenecer a lo privilegios sagrados que muy pocos seres pueden alcanzar. Entonces, promueven mitos y símbolos de poder, por medio de los cuales se elevan al nivel de jueces y rectores de principios morales que los encumbran a señalar a los malvados, a los enemigos y a los usurpadores que no desean vivir el camino de la verdad y el bien que ellos promueven.

De aquí que es posible vincular el poder mundano al divino y hacer de la política una religión y de la religión una manera de ejercer la política.

Consideremos lo que nos hizo ver Aleksandr Solzhenitsyn en una nota de pie de página en su obra Archipiélago Gulag: "Una de las más importantes lecciones del siglo XX es que cuando el totalitarismo se desencadena en una población, se ha comprobado que después es más difícil deshacerse de ella. A menos que estemos vigilantes para proteger nuestra libertad, de lo contrario será arrebatada de nuestras manos, tal y como lo señaló Voltaire: ‘Mientras que las personas no se ocupen en ejercitar su libertad, aquellos que desean ser tiranos se encargarán de ella’."

De no esmerarnos por ejercitar nuestra libertad, estaremos expuestos a ser permanentemente esclavos, sin ni siquiera mover un dedo. Y peor aún, sin tener consciencia de que lo somos.



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Guillermo Dellamary

Guillermo Dellamary

Dr. Guillermo Dellamary Soy un psicólogo, filósofo, con más de 30 años de experiencia y buscando ayudarte a vivir tu vida de una mejor manera.

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