Peligro y angustia
Vivimos en el desasosiego, muchos amigos me han compartido su tribulación, no hallan significados ni sentido, caminan en tinieblas y sin asideros, sienten un peligro inminente pero no logran definirlo. En su desesperación demandan soluciones y vías de acción, pero confunden el miedo con la angustia.
El miedo responde a algo o alguien concretos, un peligro, un objeto amenazante; para Heidegger, “un ente perjudicial intramundano”, es decir algo presente y preciso en el mundo, él lo califica de cercano; tal peligro se resuelve con medidas prácticas. En la angustia, por el contrario, comparece lo indeterminado, los entes en el mundo adquieren de cara a ella un carácter de irrelevantes: “Nada de lo que está a la mano o de lo que está-ahí dentro del mundo funciona como aquello ante lo cual la angustia se angustia” (Íbid).
Y si en la angustia no hay ente que signifique peligro, solo nada, tampoco hay lugar: en la angustia no hay aquí ni allá, el peligro no está en ninguna parte y por lo tanto está en todas; estos “no es nada y en ninguna parte” presentan al mundo en cuanto tal como la causa de la angustia: lo que nos angustia es estar-en el mundo y no hay por ende manera de escapar.
Nos han programado para responder en la inmediatez y con llamados a la acción -Do it-, pero la angustia reclama una respuesta diversa al apresuramiento y simple hacer. No quiere esto decir que no pueda haber angustia vaga con peligro concreto, pero resolviendo el peligro no solucionamos la angustia y en cambio conjurando aquélla sí podremos solventar aquél o, al menos, estar en mejores condiciones para hacerlo.
Más regresemos a Heidegger, para él la angustia nos abre el mundo en cuanto mundo y nos regresa a nosotros en él, nos permite interpelarnos y analizarnos como objeto de nuestra preocupación, como existencia, y nos posibilita entender los arreglos de que nuestro mundo urge. ¿Por qué el mundo ya no nos dice nada, por qué nos inquieta, por qué no nos entusiasma, por qué la coexistencia con los otros ha extraviado todo significado, qué soy yo hoy en tanto posibilidad, qué la humanidad, por qué la depreciación de la política y su impotencia, por qué la pudrición y achicamiento del espacio público? La angustia es una alarma que nos avisa de un terrible malestar en la comprensión de nosotros mismos en el mundo y quiebres telúricos del mundo mismo.
Heidegger decía que la angustia nos lleva de nuevo a la autenticidad del ser y nos enfrenta con nuestras posibilidades ontológicas y finitud, nos ubica de nuevo en el mundo, nos encara con la existencia. Lo que la angustia nos dice es que hemos extraviado nuestra posibilidad en tanto ser en el mundo y su comprensión como un proyecto abierto al futuro, de allí esa sensación de vacío, nuestro temor a lo desconocido nos hace darle la espalda, y como el Angelus Novus, pintura de Klee que Walter Benjamin recupera en su Tesis sobre el concepto de historia: tenemos el rostro vuelto hacia el pasado y no cesamos de acumular ruina sobre ruina a nuestros pies.
Creemos perder el tiempo y nos desesperamos por no poder hacer nada concreto e inmediato, así ello nos haya probado hasta el cansancio su ineficacia, pero si nos damos la oportunidad y tiempo, quizás logremos tomar consciencia de que no se trata de combatir prácticamente un peligro, sino de comprender y comprendernos, solo así podremos resolvernos, recomponer el mundo y recuperarlo.
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