PARRESHÍA

No es la doble nacionalidad es sancionar el hecho de nacer

No es la doble nacionalidad es sancionar el hecho de nacer

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Claudia no debió de abrir este tema.

Me duele la cortedad de nuestros “políticos” de oposición (no se ría), argumentan en contra de la iniciativa para conculcar el derecho a ser votado de todo mexicano que goce de doble nacionalidad aduciéndose a ellos mismos: la reforma, alegan, es ad hominem porque se refiere a mí. Y aunque pudiese ser, dados los pocos alcances del morenismo, yerran en el argumento y la estrategia.

Con independencia de las calenturas electoreras más caricaturescas que reales que se puedan aducir, la iniciativa sanciona el hecho de nacer de cualquier mexicano.

No sanciona conductas, sino un hipotético hecho fortuito; para que me entienda, es como si se prohibiese ser candidato a alguien con cáncer, calvicie, con un determinado color de piel, sexo, creencia religiosa, o bien tuviese ascendencia judía.

No se trata ni de las por otro lado legítimas aspiraciones de Salinas Pliego ni Cabeza de Vaca, sino de algo que nos retrotrae a los treintas del siglo pasado y el Nacional Socialismo en Alemania y la pureza de raza. Tema que por lo visto, la presidente en su ceguera política no previó dadas sus ascendencias verdaderas, no las indígenas que les son palmariamente ajenas y de las que, explicito, como sus antepasados, ella no es responsable, como no los somos nosotros por los nuestros.

Nacer es un acto fortuito, nadie escoge dónde y de quién nacer (ver Claudia VS ciudadanía), la iniciativa de la presidente Sheinbaum no es electoral ni iniciativa, es linchamiento y totalitaria.

Pero si Claudia no lo alcanza a entender, ¡ni podría!, parece que nuestros sedicentes políticos, aficionados de ocasión y medro, menos.

Hay en uno y otro extremo una miopía apolítica hija de ausencia de vida contemplativa.

En ambos extremos del horizonte político prevalece la vita activa, concentrada fanática y febrilmente en un dogma que en su ensimismamiento genera desequilibrios, alteraciones nerviosas, paranoias y errores estratégicos que logran en los contrarios las conductas que se buscan evitar y en los evitadores el miedo que pretenden exorcizar. Cada quién se encierra con sus fantasmas y demonios en olvido de todo lo demás que en los hechos podría neutralizarlos a su mínima expresión, pero que bajo su cerrada todo lo tiñe de riesgo, oprobio e inminencia, son presos de su propio fanatismo e infierno. Por tanto, les es imposible ampliar, iluminar y airear sus respectivos horizontes, entablar una deliberación y construir acuerdos, sólo les queda a ambos linchar como única forma de reafirmar su ser y posibilidad de dominio.

Los griegos entendían como caras de una misma moneda la vida contemplativa y la activa, había que observar y comprender la vida para actuar asertiva y efectivamente sobre ella, pero el pragmatismo político moreno hoy en México es incapaz de la vida contemplativa porque están ayunos de la cultura elemental para poder parar, observar, entender, analizar y pensar las cosas, lo suyo es el descontón, repito, el linchamiento. Baste decirle buenos días a Noroña para que contesté el demonio que con tan mal gusto carcome sus entrañas.

Pero allí radica el principal problema de la ivT, para ellos todo es narrativa y percepción, de allí que todo gire alrededor de la mañanera y sus múltiples sistemas de reproducción y amplificación, pero esa vida activa exige del otro una vida contemplativa, pasiva y callada, no en balde no aceptan derecho a réplica; por un lado les exige a ellos mostrarse, hacerse ver y oír, aperturarse y ser conocidos de manera apabullante, pero de las audiencias, que hoy se convierten en su mayor preocupación, demandan una audición inerte y acrítica, así como prohibición absoluta de comprensión y de juicio. Pero la percepción no puede quedarse solo en impacto y emoción epitelial, en algún momento exige análisis y valoración, más es eso precisamente lo que no quieren que jamás pueda darse.

Permítanme un ejemplo, eres una bella mujer y sales a mostrar tus bellezas; pasmas y obnuvilas, pero a los ocho años de la misma función y espectáculo la audiencia empieza a observar lo falso de tu peluca, los implantes en salvas sean las partes y el botox en lo tieso de tu expresión, tu falta de agilidad y hasta tu cojera, así como el ojo que se revela a mirar a la par que su par; el alcoholismo del guitarrista además de audible es olfateable, la ceguera del iluminador brilla en la oscuridad, lo adulterado del alcohol y los dealers son cada vez más ostensible, los aumentos constantes en precios y la merma en la calidad de servicios y viandas, la vejez en coro, bailarines y telones, las chinches en alfombras y sillones, y así te espantas y exiges lineamientos para entrar, consumir y ver el espectáculo, y ahí de aquél que no aplauda porque será “linchado” como ultraderecha y traidor a la patria. Ya en tu desesperación determinas que todo nacido en martes, o en mes con R, o visco, o con corbata a rayas, o de a tiro sin chaleco guinda se le prohiba el derecho a entrar.

Regresando a nuestro tema, ningún Estado debe conculcar derechos por el hecho fortuito de nacer, lo puede hacer, pero ya no será ya Estado de Derecho, ni República, ni democracia, ni podrá alegar ciudadanía ni siquiera derechos humanos en su haber.

Claudia no debió de abrir este tema, no solo por discriminatorio, sino principalmente porque trajo a la discusión nacional su ascendencia de la que inexplicablemente hay más sombras que luces.

Ni cómo ayudarle.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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