PARRESHÍA

Claudia quiere ser la Juana de Arco del Clan

Claudia quiere ser la Juana de Arco del Clan

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Si la presidente Sheinbaum dedicase a gobernar el 0.0000001 por ciento de la atención y atingencia que destina a su guardarropa, peinado, maquillaje y publicidad.

El patriotismo antes que ardor es instinto de sobrevivencia; patria viene de padre e implica un proyecto fundacional y un propósito heredado como responsabilidad de futuro; la patria es el mundo al que llegamos, donde fuimos criamos y al que pertenecemos, nuestro y propio por pleno derecho. El arrebato no responde tanto a la inminencia del enemigo cuanto al peligro del existir de la patria a la que estamos encarnados.

La defensa del honor nacional es el ardor patrio hecho acto, la patria en potencia dentro de nosotros hecha acción. En el XIX, con un ejército de postín y alcurnia, heredado de La Colonia, fue el pueblo en armas quien peleó contra la invasión norteamericana para expulsarla del territorio ya para entonces cercenado, no hubo necesidad de publicistas, ni de coordinadores de la defensa de nada, ni medro político.

No veo en el futuro inmediato a fuerzas norteamericanas en guerra contra México, percibo lo que todos los días, gracias a Dios, vemos hoy en lugar de abrazos al crimen organizado: acciones quirúrgicas coordinadas con Estados Unidos y ejecutadas por las fuerzas mexicanas en territorio nacional.

Pero si vemos el discurso interesado del morenismo, encontramos cuatro componentes: la exageración de un peligro con propósitos distractores y alienantes; medro electorero ilegal e insultante; un histerismo sobreactuado y toxico, y un aparato propagandista de Estado que, además de malandrín, habrá de causarnos daños irreparables en el futuro.

Agregaría un quinto y aún más lamentable elemento: la necedad de Claudia Sheinbaum ser la Juana de Arco de una guerra que no existe pero que ansía como salvación de su desmedro.

El vano patrioterismo de Morena solo vendrá al interior a exacerbar la rijosidad perversa y enfermiza que ha sembrado entre nosotros; nada pudiese ser más afrentoso del esfuerzo propagandístico del gobierno y sus voceros que pretender tapar el sol con un dedo discutiendo si el huachicolero mayor es Ruffo en lugar de Andy, si tener la doble nacionalidad es presuntivamente peor que una cauda en presente de gobernadores, legisladores y funcionarios morenistas con centenas de expedientes abiertos en las cortes norteamericanas y delaciones en cortes. A veces veo a nuestra clase política (se vale reír) como párvulos de primer grado sacándose la lengua mientras intercambian acusaciones de narcopolíticos cuando afuera la ciudad toda arde.

Y a escala binacional poco habremos de avanzar destruyendo México antes de investigar a sus próceres -hoy grilletes- morenos-. Cuando ya ni sus descendientes se acuerden de Rocha Moya y el cártel de López Obrador sea una macula en el lábaro patrio, los Estados Unidos seguirá estando allí y nuestras siempre complejas relaciones seguirán exigiéndonos inteligencia y estrategia.

En todo este lance ha faltado a México visión, inteligencia, responsabilidad y dignidad. Si la presidente Sheinbaum dedicase a gobernar el 0.0000001 por ciento de la atención y atingencia que destina a su guardarropa, peinado, maquillaje y publicidad, otro sería nuestro fario.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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