PARRESHÍA

Claudia, la retórica

Claudia, la retórica

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La retórica es el arte de discursar, para ella no tiene mayor importancia la verdad o la mentira, tampoco la ética de su propósito, tan solo imponer su discurso. La retórica, en voz de los sofistas, llevó a la muerte a Sócrates.

Hoy, a mas de dos mil quinientos años de distancia, la retorica sigue reinando, el gobierno vive de retórica: es retórica; sus críticos han hecho de su propia retórica dogma y economía (no pensamiento y menos organización y acción política), la política es cien por ciento retórica, las redes la han llevado a la posverdad y a las fake news y la IA se envuelve en ella como promesa de nuevo mundo, cuando posiblemente sea el fin del mundo.

A nadie le importa ya la verdad ni la eticidad en la palabra. ¡Curioso!, ya no es necesario matar gentes, aunque en México se mate a más gente por pensar y expresar que en cualquier parte del globo terráqueo, basta con ganar la narrativa, sea vendiendo paraísos, desplegando cortinas que oculten la realidad, satanizando al adversario, explotando el hedonismo consumista en boga y, hoy, hondeando la bandera anti-injerencista como distractor para toda hora, mal, crisis, ussto o compañero del Movimiento emproblemado.

El gobierno de Sheinbaum se compone de cuatro elementos, hacer control de daños, defender y ocultar las pifias y desastres propios y heredados, sostener una narrativa rijosa y a la defensiva desde la victimización, mantener su adicción a ser adorada en concentraciones propias de una megalomanía en estado de gravedad y gobernar su guardarropa. De las cuatro, las tres primeras se sostienen con retórica.


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Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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