LETRAS

Poder e ignorancia

Poder e ignorancia
La redondez de la tierra

Muchos piensan que antes de la modernidad todos creían que el mundo era plano, pero esto no podría ser más falso. En el siglo II a.c. el director de la Biblioteca de Alejandría Erastóstenes de Cirene, hoy Libia, llevaría a cabo un experimento que probaría definitivamente que la tierra es redonda e incluso calcularía, bastante acertadamente considerando sus aparatos de medición, la circunferencia de la tierra.

Ya en el siglo IV a.c. Heráclides Póntico, discípulo de Aristocles (Platón), había sugerido que la tierra era una esfera y había propuesto un modelo de rotación para ésta. En su investigación también había encontrado que Mercurio y Venus giran alrededor del sol. Desde entonces los científicos griegos se debatían entre el modelo Heliocéntrico, cuyo máximo representante era Aristarco de Samos, y el Geocéntrico, representado por Hiparco de Nicea, pero había, en gran medida, consenso entre ellos respecto a la forma de la tierra. La aportación de Eratóstenes fue demostrar de una vez por todas que la tierra sí era redonda y no podía ser de otra forma.

Eratóstenes era un erudito que ya había destacado como historiador, geógrafo, matemático, astrónomo, crítico literario e incluso como poeta. Un día encontró en el basto acervo de la biblioteca un antiguo texto egipcio que describía como al medio día del solsticio de verano el obelisco de Aswan no arrojaba sombra alguna. Esto le llamo la atención pues sabía que en el mismo momento el obelisco de Alejandría sí arrojaba una sombra, lo que implicaba que la vertical en Syene (Aswan) y la vertical en Alejandría apuntan hacia direcciones diferentes. Propuso entonces la hipótesis que esto era explicable sólo si la tierra era redonda, ya que los rayos de sol que pegan en Alejandría y en Syene son paralelos, si la tierra fuese plana este fenómeno no tendría lugar. Mando a dos esclavos a determinar a qué distancia en línea recta estaba Syene de Alejandría y en el próximo solsticio de verano midió la sombra arrojada por el obelisco de su ciudad. Con estos datos pudo calcular el ángulo entre las dos líneas verticales y a partir de esto podía calcular la circunferencia total de la tierra. A Erastóstenes le debemos también la zonificación de la tierra en zonas árticas, templadas y tórridas, separadas por los círculos polares y los trópicos que incluso hoy seguimos utilizando.

Ahora sabemos que la circunferencia de la tierra es de aproximadamente 40,000 kilómetros, Erastóstenes había calculado que era 37,200 kilómetros. Sus cálculos matemáticos y su lógica fueron impecables pero la medición que hizo de la distancia entre Syene y Alejandría fue poco precisa pues se hizo contando los pasos de los esclavos, a parte, las dos ciudades no están sobre el mismo meridiano, como suponía el griego, sino que están a tres grados de distancia.

Si bien su cálculo de la circunferencia fue errado, su experimento probó sin lugar a dudas que la tierra es redonda. Es una tristeza que ninguna de sus obras haya sobrevivido para llegar a nuestros días. De hecho, se calcula que sólo el diez por ciento del conocimiento contenidos en la biblioteca de Alejandría sobrevivió al fuego cuando Julio Cesar sitió la ciudad.

Así en la misma batalla moriría, en gran medida, la republica romana y el conocimiento del mundo antiguo. Cuántas obras invaluables se perderían en esos catastróficos días. Esta “coincidencia” de la consolidación del poder imperial del Cesar con la destrucción del acervo cultural de la antigüedad nos arroja una importante reflexión sobre la relación del poder y la ignorancia. Que lejos estamos de los gobernantes ilustrados del tipo de Ptolomeo I, discípulo de Aristóteles. No es de sorprender que los gobiernos corruptos y autoritarios, como el que tenemos, reduzcan el presupuesto a la cultura, la investigación y las artes, esto es más antiguo incluso que nuestra era, y es que un pueblo culto no puede ser fácilmente sometido. Lo que sí es sorprendente es que después de tantos siglos aún no hayamos aprendido.


Luis Rodrigo Farias

Luis Rodrigo Farias

Sigueme en: