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El presidente misionero y los primeros cien días

Foto: lfmopinion.com


Nadie dijo que transformar sea fácil.

Esta semana, el presidente de la República cumplió 100 días de gobierno. En tres meses y diez días ya definió su “estilo personal de gobernar”, como escribiera el maestro Cosío Villegas, de grata memoria. Sobresalen notables aciertos por consolidar y pifias que enmendar.

En este tiempo, el famoso Peje se caracteriza como un destacado comunicador, instalado en el ‘top ten’ entre los más populares gobernantes del mundo. Y con objetivos precisos que asume como propósitos de misionero: acabar con la corrupción, reducir la pobreza y la violencia, a cualquier costo y de forma obsesiva y cotidiana. Ello le da razón y validez principal a su existencia y programa de gobierno.

Para explicar la importancia de la ocasión, cabe señalar que somos adeptos a las celebraciones y conmemoraciones de tiempos subrayados por fechas históricas y relevantes, así como para destacar un aconteciendo de significación nacional o familiar y por las necesidades, condiciones y movimientos de los mercados. Hemos aprendido socialmente a guardar fechas que nos son cercanas, que nos refieren a nuestra identidad y valores comunes o que nos han sido impuestas por las tradiciones o el comercio.

Celebrar el día de la Independencia o de la Revolución es común en casi todo el mundo. También celebramos o conmemoramos fechas religiosas como por ejemplo, la Nochebuena y la Navidad, Semana Santa, el Yom Kipur y Hanuka, Se celebra también el día de la madre, el día del maestro, el día de los novios, el día de los muertos, hasta el día del compadre… y en el espíritu surrealista nacional el conocido puente Guadalupe-Reyes.

Con estas referencias es más que natural que adoptemos como nuestra la tradición estadounidense sobre la fecha política paradigmática de los 100 días de gobierno, a partir de una notable victoria en las urnas y mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores. Ahora le toca celebrar al nuevo régimen de Morena, a partir de la victoria de Andrés Manuel López Obrador, un luchar social incansable. Su estrategia de comunicación en las conferencias mañaneras ha sido un gran éxito, en un pueblo ávido de que se le tome en cuenta, o que se haga como que se le toma en cuenta. Su nivel de popularidad y aceptación ronda el 85%. Ocho y medio de cada cien mexicanos lo aprueban.

Tiene, sin embargo, un grupo duro de oposición a todo lo que dice y hace. Los críticos lo odian y cuentan entre sus medios de combate, la suma de algunos periodistas tradicionales destacados, otros acostumbrados al cobró de dádivas y mucho, mucho, dinero en juego. No les cuadra nada de Morena y menos del Peje, de mitómano y cínico no lo bajan, sobre todo porque intuyen con certeza que sus intereses serán afectados.

El que parece el punto de no retorno en esta relación bipolar es la cancelación del aeropuerto de Texcoco, no aceptan sus críticos que este proyecto está inundado de corrupción y que el gobierno no puede adquirir obligaciones más allá de su capacidad presupuestaria. Poco ha favorecido su política de estancias infantiles por más que se ha corroborado la corrupción panista existente y expresada socialmente desde el lamentable caso ABC, en Hermosillo.

En estos 100 días de trabajo hay aciertos destacados del gobierno; entre otros: la prisa y voluntad por resolver carencias, por transformar; cancelar las pensiones a los expresidentes y a sus viudas; abrir Los Pinos y hacerlo museo y centro de visitas populares; la realización de las provocativas conferencias mañaneras, aunque repetitivas, siempre con disposición al debate; el plan de rescate a Pemex y a la CFE, para que puedan algún día competir con éxito; exhibir la corrupción de los gobiernos anteriores, mostrando que dónde se destapa apesta; reducir los macrosueldos de la élite burocrática; vender la flota de aviones, camionetas de lujo y blindadas, fomentando la urgente política de austeridad frente al dispendio y lujos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña; viajar en aviones comerciales; cerrar el centro penitenciario de las Islas Marías; reducir los impuestos en la frontera norte; aumentar el salario mínimo; atacar la llamada Reforma Educativa e incorporar a la CNTE con la intención de reducir su belicosidad; crear la Guardia Nacional con mando civil y compromiso de respeto irrestricto a los derechos humanos; combatir al huachicol y demás prácticas generalizadas de corrupción; promover la lectura y la distribución de libros al menor costo posible; aprobar programas de bienestar; combatir la pobreza, aprobar programas de precios de garantía, de siembra masiva de árboles, de apoyo a ganaderos, pescadores y agricultores; combatir la violencia aunque sin resultados verdaderamente significativos aún; condenar la tortura y desaparecer el CISEN; establecer relaciones menos agresivas y aparentemente de paz con la administración Trump; ser respetuoso de las relaciones con todos los pueblos del mundo, sin interferencias ni intromisiones.

Entre las pifias que requieren corrección destacan: la falta aparente de reflexión dada la urgencia en la toma de decisiones; fomentar la confianza y el clima de tolerancia; mejorar su relación con los organismos autónomos y con la Suprema Corte; mejorar el manejo de agregados económicos que pueden producir eventualmente dolores económicos y recesión; fomentar con mayor éxito la inversión privada y extranjera; trabajar con mejores resultados aspectos de comunicaciones, transportes como el Tren Maya y el turismo, como la cancelación de la carrera de Fórmula 1; respetar derechos laborales adquiridos en servidores públicos, aunque de origen pripanistas; aclarar con celeridad el funcionamiento y apoyos a estancias infantiles y centros de defensa a mujeres agredidas y políticas respectivas; así como al fomento a la cultura; reducir efectivamente la violencia en estados como Guanajuato, Guerrero, Estado de México, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz y ciudades como Tijuana, Irapuato, Veracruz; evitar el alza en el precio de las gasolinas y diésel; apoyar el abasto de medicinas y equipos médicos; apoyar con éxito a los mexicanos en el exterior, principalmente en los EUA; dejar de lado el discurso de perdón y olvido del pasado y meter a la cárcel a Romero Deschamps, a Rosario Robles y demás de la Estafa Maestra y a los de Odebrecht y a otros corruptos reconocidos, siempre y cuando se demuestre en tribunales sus sinverguenzadas ampliamente documentadas.

Nadie dijo que transformar el régimen corruptor del pasado hacia otro régimen ético que garantice plenamente los derechos y responsabilidades de los mexicanos es una tarea fácil, no sólo por las variables internas y el anquilosamiento de las formas de modernidad y progreso, sino también por condiciones adversas de menor crecimiento mundial, de énfasis en políticas proteccionistas, de dependencia y limitación y escasez de recursos.

Los partos sin dolor realmente no existen, sobre todo cuando se afectan intereses de poderosos. Ojalá la administración del actual presidente cumpla lo prometido y sus malquerientes se sumen al esfuerzo de hacer viable un mejor país para todos, menos diferenciado, más productivo, más justo, menos pobre, menos violento y sin corrupción ni abusos. Ojalá.



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