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AQUELLOS TIEMPOS

Calles,

Foto: lfmopinion.com


Guerra Cristera.

Lo interesante de la conversación privada entre el Embajador Morrow y el P. BURKE es la percepción que el primero tiene sobre Calles y cómo se refleja una especifica manera de buscar resolver el conflicto religioso con una intervención diplomática, sin que el presidente Calles sintiera el peso de las intenciones y el plan que se cocinaba entre ellos, la jerarquía Eclesiástica y algunas autoridades del gobierno de USA, sin dejar rastro alguno. Sin embargo, éstas cartas del Archivo Vaticano sí quedaron como testimonio.

UN ANALISIS DE LA SITUACIÓN EN MÉXICO POR PARTE DEL EMBAJADOR MORROW Y EL P. BURKE

Morrow comenta: "Toda la solución de este asunto descansa en convencer a Calles. ¿Cómo se puede lograr esto?”

“No veo la manera, dijo Morrow, cómo se le podrá hacer. Tal vez sería mejor posponer el intento hasta que Calles salga de la Presidencia. A mi juicio Calles se irá en Noviembre. Obregón puede que las arregle, pero no siento mucha confianza en él. Si a Calles se le convenciera y diera su palabra, yo creo que la situación tendría remedio por al menos una generación.”

“Mr. Morrow me preguntó qué pensaba de la situación y qué es lo que se podría hacer. Le dije que aprender sobre lo que se podría hacer, es lo que me trajo a la Habana para verlo. Y le relaté la historia de mi venida. Como, después de escuchar su mensaje a Mr. Olds, llevé el asunto ante el Comité Administrativo, del cual soy Secretario. Y cómo el Comité Administrativo decidió que es un asunto que debía ser conducido por el Delegado Apostólico, el Arzobispo Fumasoni-Biondi; y cómo su excelencia decía que la Iglesia estaba deseosa de hacer todo lo posible y conveniente para que la situación se resolviera y de nuevo llevar a la Iglesia al pueblo Mexicano. Mr. Morrow, entonces, pudiera juzgar la voluntad de la Iglesia y también la importancia de mi misión al acercarme a él. Le hablé de los profundos sentimientos de los Católicos Americanos y también de muchos que no lo son de la brutal persecución de los Católicos en México y la expulsión de los Obispos Católicos y de la plena convicción de que nuestro Gobierno debe de estar más interesado en los derechos humanos que en los derechos del petróleo, la tierra y el dinero. Le mencioné que venía sin ninguna representación oficial, que sólo la del Delegado Apostólico, como ya le comenté que sabía de mi viaje y lo aprobó.

“El Sr. Morrow habló de la propuesta hecha por Calles a los Obispos Mexicanos y (Morrow) expresó sus dudas sobre la autenticidad de tales propuestas y que lo mejor sería ir a tratar esos asuntos directamente con Calles. Aproveché la ocasión para decir enfáticamente, en respuesta a una pregunta del Sr. Morrow, la razón por la que esas condiciones no fueron aceptadas, y como ha hecho bien la Santa Sede en rechazar esas condiciones porque a pesar de que puedan ser aceptables, no había ninguna garantía de que se cumplieran. Y sus, de Mr. Morrow, palabras mismas fueron prueba suficiente del por qué no debieron ser aceptadas. Le hice recordar el trato que dio el Gobierno Mexicano a los tres Delegados Apostólicos en México. Y puse de muestra la ley del registro. Mucho se ha de decir de manera informativa en relación a la organización de la Iglesia Católica y cómo el reconocer esa ley, la del registro, lo que hubiera significado en la negación del derecho de la Iglesia a sobrevivir.”

CALLES EL CAMPEÓN DEL ABSOLUTISMO.

Estamos en el relato que hace el P. Burke al Delegado Apostólico, sobre su conversación privada con el Embajador Morrow en la Habana, Cuba del 17 al 19 de enero de 1928. (SCAES, MESSICO año 1928-1929 Pos. 521 P.O. Fasc. 228 p 24)

"Le dije que debería de ser evidente para Mr. Morrow que Calles era un Campeón del absolutismo de Estado: que Calles, era el Estado y que la Iglesia como tal a sus ojos (de Calles) no debería de existir. Le repetí lo que le habían hecho a la Iglesia en México quitándole sus propiedades, la estigmatización de sus sacerdotes al dejarlos sin sus derechos como ciudadanos: al impedirles dedicarse al cuidado de su desempeño religioso, dejándolo en manos de laicos y de la municipalidad. Ningún sacerdote puede bautizar a un niño sin el permiso del Municipio, ninguna propiedad puede estar a nombre de la Iglesia, no puede haber instrucción religiosa.

“A pesar de todo ello el Santo Padre ha aconsejado la paz: los Obispos Mexicanos se han mostrado ansiosos de regresar y hacerse cargo de su gente. Pero la iglesia sólo puede regresar como Iglesia. Y las simples promesas de Calles no son suficientes como garantía.
Mr. Morrow regresa constantemente a la descripción de Calles como obstinado: con la necesidad de considerar la manera en la cual el podrá ser persuadido. En algún momento llegué a usar un lenguaje fuerte para enfatizar que era ridículo pensar en permitir la obstinación de Calles por impedir el bienestar religioso de la gente. No habrá paz en México hasta que la situación religiosa se arregle. Los acuerdos económicos son en vano.

“No habrá paz en los Estados Unidos mientras que nuestro Gobierno sufra la tiranía de Calles en México. Si nuestro Gobierno retirara nuestro apoyo moral y financiero al gobierno de Calles, ciertamente su Gobierno caería. Nuestro Gobierno es responsable de él, a menos que nuestro Gobierno utilice todos los medios bajo su poder para restaurar la paz religiosa en México. La Iglesia Católica esta dispuesta ha hacer todo lo conveniente para arreglar la situación y dar atención espiritual y cuidado religioso al pueblo Mexicano. Me vi obligado a expresarme así ante la aparente actitud de desesperanza de Morrow. Me dio la impresión de que la obstinación de Calles: firme e incambiable y que Morrow no viera la manera de cómo la pudiera cambiar.

“Hablamos de esto y de cúal podría ser el método para que Calles cambiara. Mr. Morrow habló de que un Comité de Obispos Mexicanos fuera ha hablar con Calles. Calles ya le había dicho a Morrow que él mismo ya habría acomodado las cosas, desde tiempo atrás, de no ser por las acciones de intromisión de la Santa Sede. En respuesta a ello, le recordé la entrevista arreglada con Calles por el Obispo Díaz y el Arzobispo Ruiz, a la que el mismo Calles rechazó.

LA SEGUNDA ENTREVISTA ENTRE EL EMBAJADOR MORROW Y EL PADRE BURKE

Se llevó a cabo el miércoles 18 de enero de 1928 en el hotel Sevilla Biltmore en la Havana, Cuba.

Después de hacer un resumen de las conversaciones del día anterior. "Mr Morrow repitió sus pensamientos acerca de la aparente imposibilidad de llegarle a Calles. También repitió las dificultades que tiene como Embajador: de que todo lo debe de llevar a cabo en forma personal y no oficial. El peligro de incurrir en hablar plenamente con Calles sobre este asunto. El principal peligro que ve Morrow en su mente es que Calles es del tipo que puede hacer de este tema un asunto muy serio en cualquier momento: pedir la retirada de Morrow y poner a los dos países al filo de una guerra.

“Mr. Morrow de nuevo habló de la posibilidad de acercarse a Calles por medio de los Obispos de México. Ya hablamos mucho en la misma línea en el día anterior. Calles ya había rechazado la solicitud hecha personalmente por el comité de los Obispos. A Calles ya se le ha pedido que abra el asunto con los Obispos. Recientemente los Obispos le enviaron una carta a este propósito. Si Calles lo deseara, tiene varias oportunidades sin humillarse a sí mismo, para tener no sólo un posible acercamiento, sino de hecho. Si Calles diera alguna indicación al respecto, una oportunidad a los Obispos para ir con él y tratar de hablar con dignidad sobre el tema. Estoy seguro que ellos irían. Si Morrow pensó que es la línea a seguir, que bueno está bien.

“Pero de nuevo he insistido sobre el punto de que una conversación con los Obispos, podría resultar una discusión que sería detallada, particular y en especial larga sin cambios en la ley: posturas públicas que serán difíciles de acordar para ambas partes tanto de Calles como de los Obispos; y aún a pesar de que se lleven a cabo, las acciones de los Obispos tendrán que recibir la aprobación de la Santa Sede; ahora es cuestión de la Iglesia como organización regresando a ese país; y que las acciones de esa corporación puedan ser determinadas y aceptadas por no sólo un Obispo sino todo el conjunto de ellos, y principalmente por la cabeza de la Iglesia, el Santo Padre.

“Si Calles tuviera buena voluntad, si realmente quisiera arreglar el asunto, lo más práctico, y el camino mas pronto y efectivo, a mi entender, es que Calles reconociera y aceptara un representante de la Santa Sede en México; un Delegado Apostólico. Un reconocimiento así tendría que llevarlo a la necesidad de hacer públicas y particulares explicaciones por parte de Calles. Aseguraría de inmediato acciones de unidad de parte de los Obispos Mexicanos. Permitiría el regreso de los Obispos y sacerdotes a su trabajo y ministerio con la gente.”

Anteriormente se menciona sobre la postura de Calles en relación a aceptar un encuentro con los Obispos Mexicanos y lo que esto ocasionaría para ambas posturas.

Continuamos con la carta sobre la entrevista.

"Mientras esas conferencias se llevan a cabo, la Iglesia podría seguir con su ministerio y cumplir con las necesidades espirituales de su pueblo. En esto he insistido que la Iglesia fue humillada a sí misma, como Cristo se ha humillado a sí mismo con el fin de servir a las almas del hombre. La Iglesia está dispuesta a dejar pasar la situación de su justa posición, de aguantar los insultos, de no contestar por el despojo de sus propiedades, que le han sido robadas, y aceptar las leyes para el registro oficial, aunque sea sólo para llevar estadísticas, ha insistido en su derecho de vivir, de funcionar, asegurado ese derecho, ella volverá.”

Repetidamente el Sr. Morrow hacia referencia a paralelismo históricos, que le hacen “ver claro que la Iglesia nunca ha sacrificado y nunca va a renunciar a su derecho a tener vida independiente y a su autoridad que ha ejercido, porque hacerlo sería un acto de suicidio. Debemos de hacer todo lo posible para que las cosas sean así. Pero después de todo, Calles y la situación que ha generado no son más que cosas transitorias en relación al corazón de los hombres y a la divina comisión que ha dado Cristo a su Iglesia."

Luego regresaron ambos a la conversación de cómo debe de ser el acercamiento a Calles.
De repente Mr. Morrow dijo: "Está fuera de mis funciones, pero lo haré, quiero que esta persecución religiosa se arregle. Si hago el intento y fallo, será un fracaso de Morrow. A lo mejor me quitan del cargo, pero no será más que un fracaso personal.

“Entonces Mr. Morrow me dijo, "Si Calles se muestra abierto a recibirte y tratar estos asuntos contigo, ¿vendrías a la Ciudad de México a hablar con él? Le contesté que no he tenido el gusto de vivir una entrevista así, pero lo haría con buena voluntad, aunque no hay mayor evidencia de la valoración de todo lo que está tratando de hacer Morrow. Pero el ir no está en mis manos decidirlo. Tendré que primero asegurar la aprobación de las autoridades de la Iglesia.

"Si, dijo Morrow, quiero que vengas con una autorización similar a la que trajiste cuando viniste conmigo, no oficial ni autorizada, sino que sólo que le puedes decir a Calles que la Iglesia sabe de que vendrías.

“Le repetí que personalmente estoy en disposición de ir, aún a pesar de que veo poca esperanza después de la descripción que hizo Morrow de Calles, y considerando mi propia falta de experiencia en este tipo de trabajo.”

Continuaremos estudiando el plan fraguado entre los dos.

El tema central del Embajador es buscar la paz en México y para lograrlo hay que ponerle fin a la persecución religiosa. Porque de no ser así, la obstinación y absolutismo de Calles puede llegar a un sensible enfrentamiento con los católicos en Estados Unidos y eso provocaría tensiones entre los dos países, y eso es precisamente lo que no quería el Presidente Norteamericano y que por ello encarga a Morrow la tarea especial de disuadir cualquier empeño del gobierno mexicano por continuar con un comportamiento anticlerical.




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