Cuando Adriel le copió a La Beatrix
El cabo Juanetes entró a la oficina del General.
-Mi General, fuera está Adriel, el de La Chingada.
-Me lleva, ahora qué querrá este pinche pavo real. A ver, ¡qué pase!
-Buenas mi General.
-Qué te trae por acá, cada vez que se trata de algo de La Chingada es de la chingada, ahora qué diablos es.
-No se espante, mi General Descrescencio, no es nada de Acacio, es sobre cómo salvarnos de él.
-Pues por allí hubieras empezado, que me da un coma insulínico nomás mencionan a ese cabrón.
-Pues le traigo la solución a todos nuestros problemas, dijo Adriel explayando todo su plumaje de pavo real.
-Primero dime de que se trata y luego te pavoneas, ya estás igual de loco que Pirado.
-Mire mi General, la idea es seguirle la onda y hacerle creer que sigue en Palacio.
-¿Cambiaste de dealer, o de qué se trata, qué te estás metiéndote ahora?
-¿Qué pasó Decrescencio, ya nos llevamos así?
-Pues entonces explícate.
-Mire, le pedimos a Hilaria le dé sus chochos de dormir copeteados, ponemos su despertador a las cuatro pero con un huso horario diferente, de suerte que aquí sean las siete u ocho de la mañana cuando suene, con algunas de las comadres de Hilaria, tres o cuatro rasos, usted y yo celebramos con él el gabinete de seguridad, luego lo llevamos ante las tres ceibas de la entrada y que se eché su pinche mañanera hasta que se quede afónico, de allí lo hartamos de tamales de chipilín y para ello le sentamos a algún raso que le haga de secretario de Estado y que le hable de cualquier mamada; luego lo traemos al cuartel a jugar beisbol dizque en un campeonato mundial y cerramos su día con unas garnachas bien mantecosas y picantes para que llegue empanzurrado a La Chingada, donde la Hilaria lo recibe diciéndole que ya va a empezar Loret, con eso se va a espantar y a correr por su amlito para dormirse, le volvemos a meter sus chochos y así todos podremos dormir todos en Palenque de corrido.
-¡Y pensar que pensé que servías para pura madre!, ¿Cómo se te ocurrió, cabrón?
-Pues me pregunté cómo le hizo La Beatrix para aguantarlo seis años, y por qué tan pronto ya no pudo nos lo mandó a chingarnos la vida.
-Pero ¿qué vamos a decir en el gabinete de seguridad?
-No importa, lo mismo todos los días, Acacio se va a aburrir y a empezar a hablar de historia.
-¿Y en las mañaneras?
-Ponga al pinche Juanetes a chingarse todas sus mañaneras y que grave las intervenciones de Lord Nada y le ponemos esas pendejadas una y otra vez.
-Y, ¿de qué van a hablar los dizques secretarios de Estado en el desayuno?
-De nada, solo que vayan preparados para sus interminables monólogos y se atasquen de chipilines y atole que son gratis. También pudiera mi General enviar de vez en cuando al Juanetes para que le haga al Monreal, con la vista puesta en el infinito, la ceja parada y hablando como si le explicara a un dios idiota la o por lo redondo.
-¡Carachos, mí Adriel, ahora sí pavonéate a tus anchas cabrón! ¿Cuándo empezamos?
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La serie de Acadio:
Acacio Pirado
Estampas e La Chingada
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