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La economía (moral) en tiempos de pandemia

La economía (moral) en tiempos de pandemia

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Capitalismo.

Aunque se cuenta con reiteración que un economista es un agorero que pasa la mitad del tiempo explicando qué va a pasar y la otra mitad del tiempo explicando porqué no ocurrió lo que predijo; estudiar Economía es fascinante, precisamente porque como toda ciencia social, no es exacta y presenta retos y satisfacciones apasionantes. La suma de metas y objetivos de política económica, del éxito de las estrategias diseñadas se basa en el conocimiento teórico, muchas veces cuantificable e histórico de la conducta de los mercados y los agentes económicos, aunque también del variable y en general impredecible, imprevisible, aunque limitado comportamiento humano.

Se trata de analizar y explicar el comportamiento de las personas y organizaciones para producir, para distribuir y consumir. Cómo satisface la sociedad sus necesidades y cómo usa de la mejor forma posible los recursos escasos disponibles: la tierra, el capital, el trabajo, la tecnología y su administración. Cómo se combinan de la mejor manera, de la forma más eficiente y eficaz, de forma óptima, el ingenio y el conocimiento para obtener las mayores ganancias posibles, no sólo para empresas y entidades particulares, sino para las naciones en su conjunto, para el bienestar de sus habitantes, de la población mundial. Con qué ventaja se comercia e intercambian bienes y servicios relativamente abundantes frente a otros recursos escasos y necesarios. ¿Cómo se encuentran oferta y demanda en cantidades y precios?

Todos sabemos que el modo de producción dominante, en nuestro tiempo es el capitalismo, donde predomina la propiedad privada de los medios de producción, donde el capitalista se apropia de una parte del trabajo del obrero, la llamada plusvalía que al generar riqueza, es decir, un excedente más allá del salario otorgado, formará parte de la acumulación y por tanto, será consustancial al aumento de ingresos privados y de recursos públicos (impuestos, derechos, productos, aprovechamientos), montos de acumulación, reservas, concentración, crecimiento y eventualmente de desarrollo.

En síntesis, la Economía es la ciencia, el arte según algunos, que estudia la forma de administrar los recursos disponibles para satisfacer las necesidades de la población. El ingreso nacional es igual al ingreso del capital más el ingreso del trabajo. ¿Cómo aumentar entonces el bienestar, la riqueza y la prosperidad? ¿Cómo reducir las desigualdades sociales?

Tradicionalmente se estudió con el padre de la Economía, el escocés Adam Smith desde el siglo XVIII, “la teoría de la mano invisible”, para explicar el equilibro en los mercados, las ventajas regionales en la producción y el comercio, el orden social, la división del trabajo y las condiciones de prosperidad. Se sabe que frecuentaba el hábito de hablar solo mientras caminaba como sonámbulo en el campus de la Universidad de Glasgow.

Otro economista clásico, el inglés David Ricardo, trabajó en la teoría del valor, en ventajas comparativas, costos y otras variables decrecientes y en la llamada renta económica, salarios y ganancias. Cabe destacar que Ricardo en el siglo XIX combatió el esclavismo, en una época en era común esa práctica mercantil denigrante.

Seguramente Smith, Ricardo, Malthus y John Stuart Mill conforman la pléyade de la economía política clásica. Malthus con énfasis en demografía y Stuart en ética.

El 5 de mayo de 1818, nació en Trier, Prusia, Karl Marx, quien habría de explicar el desarrollo del capitalismo desde el materialismo dialéctico, el materialismo histórico y, junto con Engels, en la conformación de la escuela marxista al través de la plusvalía, el valor, la alienación, la explotación y el conflicto entre clases sociales. En 1848, publicó el Manifiesto Comunista, de enorme influencia en la historia, la configuración del mundo y el desarrollo de la economía política. En El Capital, una crítica de la política económica, se expresan ideas revolucionarias frente a los postulados de la economía clásica, que también serán de gran influencia en economía, sociedad y gobiernos. “La clase obrera es la única, que aspira a su propia destrucción, al desaparecer la propiedad privada de los medios de producción”.


La llamada escuela neoclásica, alrededor de la segunda mitad del siglo XIX, se basa en la idea de que el valor es una función de la utilidad o satisfacción para los consumidores, a partir del análisis marginal, o del incremento adicional de una unidad de insumos en la determinación de la producción, los precios, y la importancia e influencia del dinero en mercados de competencia imperfecta. Alfredo Marshall, autor de Equilibrio Parcial. Walras, Wicksell y Fisher, Pigou y Pareto han sido también de gran influencia en el desarrollo de la ciencia económica.

John Maynard Keynes, cambió la teoría y práctica de la macroeconomía y de las estrategias gubernamentales de la política económica a partir de la teoría de los ciclos, la preferencia por la liquidez y la consolidación de la importancia de la Economía de la demanda. Combatió la idea de los mercados en equilibrio en forma automática, i. e. “Con la mano invisible” habrían de lograr pleno empleo y por tanto mitigar la pobreza y promover el bienestar, para él son esenciales políticas fiscales y monetarias que contribuyan a combatir los efectos adversos de la recesión y la depresión, esto es: programas gubernamentales de fomento y gasto público.

Keynes se apartó de Marshall y, gracias a los trabajos de Hicks, por ejemplo, se consolidó una corriente de pensamiento económico menos rigurosa y más conciliadora de perspectivas diferentes llamada síntesis clásica keynesiana.

Las investigaciones y tesis académicas, divergentes en muchas ocasiones, hicieron aún más notorias las estrategias de la economía del bienestar frente a las condiciones de la realidad económica y concentración acelerada después de las dos terribles Guerras Mundiales del siglo XX y la gran depresión de 1929-33, que generaron muerte, pobreza, desempleo y paradójicamente después de Keynes, el surgimiento de una nueva potencia industrial y en los años setenta, la consolidación del llamado monetarismo como teoría económica dominante.

Según esta teoría, el mercado es más eficiente para enfrentar la inflación y el desempleo. El limitado gobierno debe de fomentar la estabilidad, luchar contra la incertidumbre y controlar la oferta monetaria para contribuir al crecimiento natural de la economía, es el énfasis en la oferta monetaria. La teoría cuantitativa del dinero estudia los cambios en la oferta monetaria y su relevancia sobre el empleo, los precios y la producción. La Escuela de Chicago con Milton Friedman y otros, establece modelos matemáticos, importados de la física, de gran influencia con respecto al producto nacional y el nivel general de precios.

Esta forma de entender y asumir los objetivos y metas de política económica, generó en países de menor desarrollo relativo, creciente dependencia económica y financiera hacia los centros hegemónicos, venta o remate de activos internos, internacionalización del capital, bajos precios de materias primas, mayor endeudamiento, polarización social y no permitió acceder, en general, a las condiciones esperadas que teóricamente mejoraran las condiciones de vida de la mayoría de la población. Es, sin duda, una estrategia concentradora del ingreso y la riqueza y que contribuyó a éxodos masivos, guerras localizadas y desfases y atrasos en la consolidación de sistemas educativos y de seguridad social de calidad y al alcance de la mayoría de la población; de por sí depauperada, desempleada y con alta informalidad, además de sufrir migración forzosa y precariedad.

Como respuesta a las carencias, a la pérdida de valores y oportunidades en los países en desarrollo, subdesarrollados o de menor desarrollo relativo, aunque también, en ocasiones, en las metrópolis más ricas, con la aparición de cinturones de pobreza. Así como frente a crecientes fenómenos sociales de violencia, drogadicción y enfermedades, e, incluso, involución en prácticas democráticas básicas, alrededor de 1980, se empezó a promover con énfasis la llamada economía moral, termino originalmente usado para etiquetar el comportamiento popular de los motines de subsistencia del siglo XVIII y posteriores.

El término de economía moral considera la puesta en práctica de políticas económicas deseables, posibles, probables, viables, a partir de la recuperación de valores éticos y morales, culturales o incluso religiosos. frente a las graves y obvias diferencias entre sectores de la población muy privilegiados en un extremo y miserables en el otro. Como respuesta al modelo que olvida el calentamiento global y el respeto a la naturaleza, por ejemplo, que ensucia el hábitat, desperdicia recursos y se afana en aumentar y generar ganancias sin ninguna otra consideración principal.

Por contraparte, en la Economía Moral se trata de promover una economía política justa y con equidad. De cooperación social e identificación generalizada, donde priva el bien común frente al individual. Donde se practica la introspección y la ética.

Aquí es el bienestar colectivo, la antigua Utopía que predomina frente a la acumulación material “irracional” del modo de producción dominante y que a algunos avergüenza. Nadie tendría derecho a gozar de lo superfluo mientras otros carecen de lo necesario.

La realidad, sin embargo, ha modificado históricamente las buenas intensiones, como lo señala el francés Thomas Piketty en su Capital, en el siglo XXI.

En las guerras, frente a la pandemia, muchos economistas reconocemos que aún se carece de la fuerza y motivación suficiente con adecuados niveles de educación, de conciencia cívica y colectiva y otras medidas ciudadanas y éticas, legales y reglamentarias para terminar con la especulación, distribuir con equidad y consolidar un mundo mejor, más equilibrado, menos polarizado y diferenciado.

Recuerdo a un viejo maestro amigo: el capitalismo, dijo, es inclemente, de la mano de la realidad. Sus reglas son probadas, se trata de comer o morir. Nada de entender que cada quien según su trabajo y menos que cada quien según sus necesidades.

Ojalá me equivoque y regrese a explicar pronto porqué pasó lo que parece imposible.




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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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