PROHIBIDO PROHIBIR

La televisión

La televisión
Educación.

Arremolinados frente al Philco en blanco y negro, en la estancia de casa de los abuelos, diez o doce nietos y vecinos, desde el piso, no nos perdíamos al Llanero Solitario y su amigo indio Tonto, cabalgando y dándoles su merecido a los malos, invariablemente mexicanos con barba de tres días, medio borrachos, pero de Hollywood, y que raptaran con aviesas intenciones inconfesas a la señorita más bonita del condado. Detrás de su máscara de plata se oía el famosa grito mientras los sombreros de ala ancha, típicos de charros y mariachis, volaban por los aires y la señorita caía rendida en sus brazos, agradecida por la salvación y el buen tino de las balas de plata. Ella, a su pesar, sería regresada a sus padres, hasta el próximo rapto inconcluso, del siguiente programa.

Muy apreciadas eran para mí las películas de Erroll Flynn, como Robin Hood, El Capitan Sangre, Principe y Mendigo; y otras como: Las Cuatro Plumas, Los Mosqueteros, Ivanhoe, Tom Sawyer, La Isla del Tesoro, Los Pardallia’n, por ejemplo.

El DF era entonces con los canales 2,4 y 5 un desierto inmenso de posibilidades para abrevar lo mismo, pero repetido. Vaya, hasta los comerciales se pasaban y se repasaban hasta más no poder y aprenderlos de memoria. Como el de los cerillos de La Central y el de FAB, que hizo historia.

El 2 fue el canal de las telenovelas para las señoras que esperaban que pasara el fin de semana rápido, para de lunes a viernes poder disfrutar en capítulos, dramáticas tragedias lacrimosas.

Muchacha pobre que se enamora del joven guapo y rico. La suegra siempre los quiere separar, pero ellos se escapan y tratan de ser muy felices a pesar de las diferencias sociales de origen, educación y riqueza; hasta que una prima latosa los descubre y trata de hacerlos entrar en razón o robarse al muchacho, hasta que ella, la buena, decide irse a su pueblo sola o con un par de chilpayates y otro que viene en camino, pero aún está oculto. Apenas está yéndose y en la estación camionera el joven la descubre y le pide mil perdones y todos felices cuando les llega la noticia que, a ella, un tío rico anónimo y lejano, le dejó una herencia enorme y ahora será más rica que todos, incluyendo a la suegra. En escena el conjunto llora de felicidad y de alegría, la audiencia televisiva incluida. Entre lágrimas y mocos perdonan las maldades y artimañas de la prima más mala, que se enamora de un muchacho deportista que fue antes su vecino y promete, conmovida, portarse siempre bien de ahora en adelante. Colorín Colorado.

Como antes escribí, todos los domingos en Tlalpan, junto con mis hermanos y a veces, mis primos, mi infancia se enriqueció con Cachirulo, en el Teatro Fantástico y el chocolate Express. (En Prohibido Prohibir del 30 de oct de 2019).

De ahí a Mala Noche No, que confieso veía yo muchas veces con una mezcla de deseo y azoro. Y siempre me gustó.

Había ya reducido mi afición televisiva a algunos noticieros, porque casi todos eran oficialistas, monótonos y tendenciosos, al fútbol, a las películas viejas y a los programas ingleses como Yo, Claudio; en realidad teatro filmado.

Me volví un lector cada vez más ajeno a la caja llamada idiota por mis amigos filósofos e intelectuales, que criticaban todo y presumían competir por el Nobel o hacer la Revolución, o enamorar a la modelo de moda.

Pues bien, mi acercamiento con la tele retomó rumbos insospechados. A mi padre lo invitaron a trabajar en Imevisión en el Ajusco. Recuerdo su entusiasmo, vamos a hacer dijo, una televisión de calidad, entretenida, divertida, que descubra nuevos mundos, que pregunte y conteste sin demagogia, siempre cerca de los televidentes. Una televisión cultural sin pedantería, respetuosa de todos.

Un día lo enviaron a Luxemburgo a un mercado de nuevos programas y como su opinión y su firma eran valoradas, se les ocurrió que después de la encomienda regresara de inmediato para enfrentar alguna contingencia en Gobernación a nombre de la Dirección General. En esas estaban y aún no localizaban a mi padre, cuando alguien se acordó de mí, ya que habíamos sido compañeros en el INAP, se cubrió de gloria cuando dijo más o menos así: no se preocupen, el hijo de don Arturo, a quien yo conozco, firma igualito. Así que bastará pedirle que nos haga el favor y resolveremos la urgencia. Un par de firmas y asunto arreglado. Pues fueron a mi casa y ahí me encontraron un sábado en la tarde. Oye Arturo, hazme un favor, sabemos que tu padre regresa en unos días, pero apareció tal cosa y mucho agradeceremos (supongo que todos) que nos ayudes, y firmes unos cheques, todos justificados desde luego. Les ofrecí a los enviados un poco de vino y uno de ellos tomó whiskey. No, le dije, lo que me pides es del todo irregular porque aunque somos dos Arturos, yo no trabajo en Imevisión.

Todavía más, si mi padre se entera que ando firmando en su nombre, me nalguea y a ustedes también por andar de nalgas prontas. Ahí quedo el asunto y yo ya nunca volví a esa televisora en busca de alguna obra de arte o alguna estrella de moda.

Como se sabe, la televisión es la transmisión de imágenes y sonidos por vía electrónica que pueden ser vistos al mismo tiempo en cualquier lugar del mundo gracias a los enlaces de satélites artificiales y en ocasiones, repetidoras terrestres. Es la unión de tele que es distancia en griego y visio de un latinajo visión.

En México tenemos el orgullo de que un ingeniero del Poli, Guillermo González Camarena, fuera el inventor de la tele a color en los años cuarenta del siglo pasado al solicitar una patente que compró la Columbia Broadcasting System para desarrollar el llamado Simplified Mexican Color TV. Por cierto, en la secundaria, en la Voz de la 13, publiqué un artículo sobre las innovaciones técnicas del ingeniero González Camarena. Ese año cursé Electricidad y me fascinó la transmisión de energía y al maestro Kilowatt, el texto publicado.

En el apasionante mundo de la comunicación, tengo varios conocidos y amigos. Uno, especialmente erudito es Edgar Torres, quién fue expulsado de la universidad por defender a un desvalido frente a la prepotencia de un profesor; es o ha sido, Presidente de la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión en Baja California y es director regional de TV Azteca. Tiene entre sus cualidades la pasión por lo que hace. Sabe que entretener no es educar y afirma que “no existe medio gratuito más democrático que la TV, cada quien la ve o no, o bien cambia de canal de manera libre”.

Algunas veces la vida nos regala aventuras fantásticas que como dijera Ortega y Gasset, abonan las circunstancias si amanecemos atentos. Edgar me invitó a participar en la programación de TV Azteca, recordé donde mi padre puso antes tanta ilusión y se trasmitieron algunos clips de Cápsulas Ráfaga, que a mí no me toca juzgar, pero contienen el espíritu de innovación que creo que siempre interesa a la audiencia y notablemente, con absoluta libertad de expresión.


La gravísima crisis de pandemia mundial del Covid-19, cuyos efectos y consecuencias nunca imaginé de esta magnitud, exacerbada aún más en México por nuestras peculiares características de organización social como la enorme pobreza de millones, la escandalosa desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza, así como ineducación y mala alimentación en general, además de criticables estrategias de contención de contagios y enfermedades como obesidad, diabetes, cardiopatías, y demás actitudes naturales como nuestro ser fiesteros, inconscientes y valemadristas, por decir lo menos, obligaron a las autoridades a buscar alternativas de apoyo a la educación a distancia dado que el internet no cubre todo el país y presenta fallos constantes de conectividad.

¡Aleluya! Aún con fallas que seguramente serán solucionadas, la televisión mexicana está ayudando a educar e informar a millones de niños y jóvenes en todo el país.

Hoy en día, la televisión hace historia, en Aprendiendo en Casa se divulgan alrededor de 2720 programas que serán trasmitidos hasta fin de año para apoyar el sistema educativo a distancia.

Hoy en la televisión nacional, se fomentan valores, se pretende propagar con ética conocimientos y experiencias. La innovación se premia.

En un mundo donde como sostiene Edgar Torres, “lo justo no existe. Tampoco existe justicia para todos. Sin embargo, la televisión está haciendo su parte.”

Enhorabuena. Ello es un paso gigante en este laboratorio que la emergencia nos obliga a descubrir a diario para vivir mejor.

Ojalá la televisión se vista de gloria, divulgue, entretenga y enseñe.

Para ello, se requiere compromiso, nula enajenación o alienación, ninguna indiferencia y mucha capacidad.

Nada de prepotencia y pleno apoyo a la creatividad que tienen técnicos, productores, directores y maestros y que es necesaria para expandir nuevos horizontes, así como para enfrentar y superar los nuevos retos que la circunstancias demandan.

Estoy seguro que el equipo profesional de TVAzteca Baja California, hará ejemplarmente la tarea que le corresponde desarrollar para beneficio principal de todos los niños y jóvenes de la región, más los abuelos que quieran regresar a la escuela.




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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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