PROHIBIDO PROHIBIR

Distopía

Distopía

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Mundo panóptico.

En 1516 Tomás Moro publicó la descripción de un modelo de sociedad donde prevalecen mínimos niveles de criminalidad, violencia y pobreza: Utopía, es una isla en el Atlántico sur donde priva la felicidad, el respeto entre los ciudadanos y la armonía con los gobernantes.

Por su contraste con la realidad se popularizó como un lugar inalcanzable e inexistente. Esto es, un lugar ideal, de perfección en gobernanza, legislación y condiciones sociales; aunque en realidad sea imposible de alcanzar por la propia naturaleza y limitaciones de la naturaleza humana. Sin embargo, aunque lejano e inexistente es una meta que inspira para construir mejores condiciones económicas, resultados de gobierno y de justicia.

Utopía es la mejor sociedad en su conjunto. Su raíz griega significa ‘no existente’ y con el pasar del tiempo, su gemela eutopía, es decir, “mejor lugar” se asimiló como identidad e igual significado.

Por el contrario, las distopías reflejan más acuciosamente la desorganización, degradación y otras características negativas de nuestro mundo, que son aún más notorias en los países subdesarrollados y dependientes, como México, donde la heterogeneidad, las carencias, el desperdicio, la corrupción, la pobreza, la violencia, son de todos los días.

En literatura sobresalen tres novelas distópicas excelentes: 1984, Un Mundo Feliz y Farenheit 451.

George Orwlell describe las consecuencias de una sociedad totalitaria, represiva y donde priva la vigilancia masiva a los miembros de la sociedad y la propaganda contra el pensamiento individual y la libertad. Big Brother o el vigilante, representa la imagen del culto a la personalidad y el control, a pesar de que incluso pudiera no existir. La relación de Winston con Julia recuerda el mundo antes del partido dictatorial. Sin duda, 1984 ha sido profética.

Aldous Huxley, autor de una de mis novelas preferidas, trata en “Un mundo feliz”, de una sociedad deshumanizada, trivial. Estoy seguro que mi preferencia por esta novela además de sus méritos propios, es por haberla leído en el tiempo exacto y por la cercanía con mi padre, con quien tuve el privilegio de comentarla y desmenuzarla con avidez.

El soma es el Valium, entre otras píldoras modernas. Alfa, beta, gama, delta, épsilon representan las clases sociales., con el añadido de que en ese futuro todos están convencidos de su importancia y ubicación, y no hay manifestaciones de descontento.

Sin embargo, no hay mejor amor que la forma antigua y John que lee a Shakespeare, es el salvaje que somos todos los comprometidos con la libertad. Lenina es como otras admirable ‘neumáticas’, que he deseado, ajena a su propio drama, inconsciente de su poder.

Farenheit 451, la temperatura a la que arde el papel, escrita por Ray Bradbury, autor también del Hombre Ilustrado, sorprendentemente actual, es una novela de ciencia ficción que dibuja el futuro de la sociedad estadounidense automatizada y mecánica, donde los libros están prohibidos y los bomberos en lugar de apagar incendios, son responsables de prender(les) fuego. Guy Montag, se desilusiona de su papel de censor y, a contrario sensu, se convierte en preservador de la cultura y literatura.

El novelista explicó su inspiración en la época prohibicionista macartista y en la quema de libros en la Alemania Nazi. Los seres distintos en toda su obra son los antihéroes modernos.

En el mundo de la distopía, hay millones de ejemplos, unos muy graves y otros no tanto, que sin embargo producen sometimiento y frustración.

Claramente la pedofilia y feminicidios, las promesas incumplidas de los políticos, las ofertas de comerciantes envueltas en alzas de precios previas.

El jueves decidí cruzar a Tijuana, fue oportuno porque la línea no estaba abarrotada. El propósito fundamental fue ir a la aduana y enviar una muñeca a mi nieta consentida y unas vitaminas a su mamá, una de mis dos hijas preferidas.

Pues bien, llegué a la aduana, aquí hay que explicar que en las fronteras, se requiere pasar una segunda aduana y hacer el trámite de importación que corresponde, desde luego mediante la inspección de la mercancía y el pago de los derechos correspondientes.

Lo anterior es una distopía y una señalada discriminación ya que, en efecto, constituye una aduana interior, que creo pudieran estar prohibidas constitucionalmente.

Vaya, para enviar un paquete de cualquier naturaleza al resto de la República, se requiere formarse y después de una hora o dos bajo el rayo del sol, entrar al congestionado recinto fiscal con mercancía en mano, una muñeca en mi caso.

Después de un rato formado, yo que soy criticón había expresado mi inconformidad por el incivilizado distópico trato a los ciudadanos gama y delta que nadie atiende y somos por La Autoridad, olvidados bajo el rayo del sol.

Conforme pasa el tiempo, yo que soy platicón he hecho tratos con el joven de enfrente de mi, cuando le pregunté su opinión sobre el calor. El joven Efraín me dijo que no era nada, que será más difícil para sus nietos cuando por el cambio climático, desaparezca esta península. Su comentario me instaló en el terreno de la ciencia y la ficción, hablé con amplitud del tema para escuchar también en reciprocidad su pronóstico en la medida que, sin duda, desaparecerían ahogados todos los aduaneros.

Adelante de Efraín, una joven empujaba su caja cuando podía lentamente avanzar, ella reía por lo bajo de nuestra conversación futurista. Se dirigió a mi con cortesía: disculpe señor, podría encargarle mi caja un momento.

Los seres distintos en toda su obra son los antihéroes modernos


Por supuesto le contesté, aquí la cuidamos Efraín y yo, que para entonces asentía en todo lo que yo platicaba, aunque también me enteré de que es el hijo del dueño de una comercializadora y a quien no le hacen mucho caso por su posición de joven aprendiz, de acuerdo a la tesis paterna de tener que empezar desde abajo para sudar y aprender, y que su empresa en propiedad futura cuando herede se dedica al comercio de especias como, por ejemplo: comino, pimienta, canela, nuez moscada, jengibre y clavo.

La joven regresó en un santiamén. Mi ojo clínico supo de inmediato que había descansado al deshacerse de carga orgánica. No desaproveché la oportunidad, Señorita, dije, ¿de casualidad sabe usted dónde está el baño?

Sí señor, dentro del edificio, suba las escaleras a mano derecha y al final del corredor están los sanitarios para mujeres y hombres.

Como a la ocasión la pintan calva, le dije: Bueno, si es usted tan amable, ahora le toca a usted cuidarme mi paquete, es una muñeca para mi nieta. No me tardo.

Sin más seguí sus instrucciones, al rebasar la línea de entrada del edificio, como otra frontera más, el guardia me miró con preocupación, pensando que yo me saltaría el turno haciendo chapuza, como esos que se han vacunado cuando no les ha correspondido, haciendo uso de influencias y malabares.

Calmé su aparente inquietud. No me tardo, sólo un momento para lavarme las manos.

Así, el orden impuesto por Big Brother no se alteraría y seguro de mi comportamiento ejemplar dibujó una mueca con sonrisa en su cara de papada caída.

La fila, la cola, la línea, seguía casi en el mismo lugar cuando regresé a reportarme con mis vecinos, a ocupar mi lugar en la rueda de la fortuna y a recuperar mi muñeca.

Conforme llega el medio día el calor ataraza, pero uno se acostumbra.

Vi cómo los influyentes de siempre no hacen cola y se meten como Pedro por su casa a la aduana, con un simple guiño saludan a la guardia, que ahora ya clonado, son dos iguales con la misma papada.

Por fin entramos al espacio con sombra, aunque todavía falta un buen tramo para llegar a la ansiada puerta de entrada. Entonces, recordando la ley del menor esfuerzo, veo que los penitentes ya entrenados en estas lides, dejan en el centro sus paquetes, con lo que evitarán cargarlos una larga distancia adicional. Sé que a estas alturas la carga pesa más y más pesará.

Así dejo mi muñeca, o más bien de mi nieta, ahí solita en el centro, mientras yo debo de regresar al peregrinaje ahora por fortuna, sombrío.

El vecino de atrás que había oído con interés nuestra plática, sin atreverse a participar. Ahora lo hace, señor, permítame, con todo respeto, usted por su edad no debiera hacer cola. ¿Qué dice?

Sí, insiste, con todo respeto. Las personas mayores pueden pasar más rápido. Hable con el guardia.

No terminé de oírlo y ya estaba yo frente al alguacil gendarme, el portero del infierno o del cielo.

-Con hosquedad dijo: ¡a ver su identificación!

-Sí, con gusto.

-No señor, esa del INE no sirve, tiene que ser la del instituto de la senectud…






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Arturo Martinez Caceres

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