POLÍTICA

La miseria de la política de los partidos

La miseria de la política de los partidos

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Heracles y la manzana

Tristemente la política tiende reiteradamente a caer en discursos de un nivel muy pobre, especialmente en épocas de campaña. Las acusaciones personales hacen imposible el debate racional de ideas, el tono del discurso político tiende a ser más de confrontación que de conciliación.

El discurso político exitoso, lamentablemente y desde siempre, ha sido más el destructivo que el constructivo, el discurso divisivo.

En época de campañas se divide al electorado que es siempre el único verdadero perdedor. Divide e impera sabían ya muy bien los romanos imperiales.

Un electorado dividido en grupos que actúa tribalmente, empieza también a comportarse según los principios de la psicología de las masas, no como un conjunto de seres racionales tratando de organizar de la mejor manera su vida en común.

El sistema de partidos trabaja en contra de la democracia. El ágora de nuestras repúblicas modernas así, lamentablemente, nunca llega a ser más que un diálogo de sordos.

Chairos, chayoteros, zombis, “prietos” o bots, en época electoral las diferencias políticas se vuelven excusas legítimas para deshumanizar al otro, la diferencia se vuelve un adversario a aniquilar, y la clase política lidera esta marcha del pensamiento binario hacia lo bestial poniendo siempre el ejemplo. Así funciona la simulación electoral en las sociedades del espectáculo integrado, y es esta misma simulación la que garantiza que las cosas siempre sigan igual, porque el hombre masa, como ya demostrara Joseph Goebbels, es fácil de dominar y manipular.

El único verdadero ganador es el estado profundo, Deep State, esa clase burocrática anónima y parasitaria, que ya caracterizaba muy bien Kafka en El Proceso, esa manifestación carnal de lo más íntimo y esencial de las instituciones, que trabaja igual con un partido que con otro, los Carstens, los Meade, pero que con quien mejor trabaja siempre es con los organismos financieros internacionales.

Hay una vieja fábula de Esopo que cuenta que un día Heracles iba caminando solo por un camino estrecho cuando vio en el suelo algo similar a una manzana e intentó aplastarla, pero la cosa en vez de aplastarse creció en tamaño duplicándose, Heracles sacó entonces su garrote y le asestó un golpe con todas sus fuerzas. La cosa volvió a aumentar en magnitud y ya obstruía el camino entero. Heracles dejó caer el garrote admirado, entonces se le apareció Palas Atenea y le dijo: “Detente hermano, esa cosa es la disputa y el conflicto: si la dejas, si no luchas contra ella, se queda como era al principio, pero si la atacas se hincha de esta manera.”

Es preocupante el estado del discurso político contemporáneo, desde las redes sociales, a los medios de comunicación; desde la clase política hasta la del mexicano de a pie. Lejos de una dialéctica constructiva que nos permita crear verdadera comunidad, las constantes en la política mexicana son la disputa y el conflicto, que en nuestro caso, como en el de Heracles, ya obstruyen el camino y nos imposibilitan seguir adelante.

En esta forma de democracia el perdedor siempre es el demos, somos todos. No son las figuras políticas las que han degradado el diálogo político, es el diálogo político con su usual retórica confrontativa la que ha hecho surgir, por sobrevivencia del más apto, esta miserable y ridícula estirpe de personajes políticos que tenemos en la actualidad, y no sólo a nivel de México, la crisis es mundial y habla de un sistema que no da más.

La partidocracia es una idiocrácia, esto en el sentido de gobierno de los idiotas, e idiotas entendido desde su raíz etimológica griega: Idiotes, aquel que no sabe vivir en comunidad.

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Luis Rodrigo Farias

Luis Rodrigo Farias

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