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Al despertar

Al despertar

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Pesadilla.

Todo es una pesadilla. Un sueño que nos inquieta, que sólo se convierte en realidad si lo platicamos, por tanto, debemos guardar el secreto…

No hubo virus en Wuhan, no se extendió por el mundo. Nunca llegó a México. No hubo muertos infectados, ni ansiedad, ni feminicidios, ni locura por la cuarentena.

Lo cierto es que las cadenas productivas tienen que operar. La maquinaria de enlace con la producción estadounidense está enchufada a nuestra realidad, de tal manera que somos una prolongación de su demanda y necesidades.

Por eso hay que abrir, aunque no sea tiempo aún, aunque no se tengan las pruebas, ni domada la curva y los muertos se acumulen en crematorios de manera geométrica. Como si se hubieran sobrevendido las entradas. Se oye a gritos: es imperativo salir a trabajar.

Es la dependencia, (estúpido), como el letrerito de Clinton, cuando se refirió a la economía. Y ganó la elección que más tarde compartiría a ratos con Mónica.

Es la dependencia, por eso la Guardia Nacional hace trabajos de contención en las fronteras. El muro es la realidad. Lo pagamos con nuestros impuestos como presumió el que en plena campaña de reelección desprecia el uso de mascarillas y le echa la culpa a los chinos y a la OMS.

Es la dependencia, por eso, los parques de energía ecológica de Baja California a Tamaulipas producen, en su mayor parte, para exportación.

Es la dependencia, por eso la industria maquiladora produce una parte esencial del todo extranjero.

La economía nacional en su conjunto es dependiente y subordinada. Tecnológicamente vinculada a la matriz.

Durante muchos años se apoyó el axioma de que la mejor política industrial nacional era no perturbar las fuerzas del mercado para dejarlas crecer sin barreras ni limitaciones, incluso otorgándoles facilidades fiscales, donación de terrenos, devolución y extensión de impuestos federales y locales. Mano de obra barata, bajos salarios relativos. Sindicatos blancos controlados a modo.

Con un sistema de apoyo, una infraestructura de colmenas, en casas habitación, a crédito relativamente bajo y generalmente con insumos de mala calidad, construidas para la reproducción de la fuerza de trabajo y el mínimo descanso necesario de familias hacinadas, colmenas que aunque generaron violencia familiar, feminicidios, pandillas entre los jóvenes; abusos e inequidad, a nadie verdaderamente importó, fue irrelevante. Era sólo un costo adicional del progreso. Hoy hay miles de esas casas abandonadas.

Que el sistema escolar sea ineficiente y con enormes carencias, no importó. Nadie se preocupó de esas nimiedades mientras los ricos y las batalladoras y depauperadas clases medias tuvieran buenas escuelas y universidades que garantizaran la reproducción de las diferencias de clase y las aspiraciones de mejoría social. Son también de ahí y de la UNAM y el Poli muchos de los dirigentes del sistema con doctorados y maestrías, aunque políticamente se diga con ligereza que hoy son innecesarios.

En tanto, la concentración del ingreso y la riqueza en México crece, es de tal magnitud que cerca del 60 % de la población es pobre, y alrededor del 15% de ella es miserable e ignorante. Son los que mayormente apalean a médicos y enfermeras, los que les salvarán la vida.

Mientras, las grandes empresas nacionales y extranjeras se acostumbraron a un sistema de privilegios y componendas.

Cabe señalar a las constructoras más famosas, de capital español, por ejemplo, que dejaron obras inconclusas, inacabadas, olvidadas, siempre mucho más caras que el presupuesto original, siempre en complicidad con autoridades gubernamentales como el llamado secretario socavón, de infausta memoria. Son las que deben impuestos o recibieron devoluciones y fueron generosas con quienes firmaron los contratos.

En verdad, a donde le rasques sale pus.

Ahora sabemos que el régimen anterior del cerebro y el iletrado disfrazado promovieron una o más empresas familiares para otorgarse contratos y acumular ganancias sin limitación ética alguna, para invertir en casas blancas, novias jóvenes nuevas y protección en el extranjero.

Sabemos que un jefe policiaco elevado a rango de responsable del combate al narcotráfico, corresponsable de la guerra, está hoy preso en Nueva York, que su jefe directo ha declarado no saber nada de nada y que otros presuntamente vinculados a Odebrecht están en Madrid en espera de procesos de extradición. Pura fichita pues.

Sabemos que en estos tiempos de pandemia hay algunos aprovechados que han vendido ventiladores y otros insumos con sobreprecio y, en ocasiones, de dudosa calidad. Haciendo negocios con la tragedia.

Recordamos que el sistema judicial, con el apoyo de expertos de empinado ojo negro (y barbados), al servicio del dinero, lograron que a la “maistra” sindical preferida se le devolvieran bienes y cuentas, que es muy probable que Duarte también recupere lo robado, como se le regresó al hermano incómodo lo acumulado en tiempos del 10%.

Así está hecho el sistemita. Y en ese marco de relaciones y componendas se despachan con la cuchara grande en todos los mercados: bancario y financiero; turismo, en hoteles y servicios conexos, en la industria cervecera y alimentaria, automotriz y de autopartes, en comunicaciones, “you name it” . ¡Ah, y en energías limpias!: eólica, solar. En aduanas, puertos y fronteras.

Dejaron a Pemex y a la CFE, por ineficientes y atrasados, el horizonte inefable de su decreciente participación en el mercado nacional. Mientras las élites de ricos cada vez más ricos, vinculadas al poder, los Gastón Billetes de Abel Quezada, se engullen la mejor parte del pastel y dejan migajas para el respetable devaluado, aunque muy mentado, pueblo mexicano.

Hasta que un día un presidente mañanero, peleonero, dicharachero, tozudo, un Jano bifronte moderno, el de los cambios y las transformaciones, bien intencionado pero a quien se le va la lengua y se ha ganado a pulso muchos adversarios poderosos, decide que es tiempo de poner orden en el mercado de las energías limpias y arde Troya otra vez.

Cada vez recibe más mentadas ad libitum. Críticas y denostaciones, aunque paradójicamente sigue en altísimos rangos de aprobación popular.

Y aunque cada quien jala agua a su molino, lo que realmente debiera importar es que estamos en una grave crisis. Y el tiempo no está para bollos, ni para toques eléctricos.

Debiéramos enfocarnos e idealmente ir resolviendo un problema a la vez, lo más urgente primero. En forma ordenada y con liderazgo.

Nadie, salvo los ingenuos, desconoce que los contratos fueron hechos a modo, que se atrajo a los inversionistas privados para participar en un mercado muy atractivo y con crecientes utilidades. Nadie ignora que obtuvieron la tajada del león a corto, mediano y largo plazos.

Se dice que el decreto tiende a ordenar el mercado como moderna mano visible, se sabe que ya interpusieron los interesados múltiples amparos y que las autoridades llamaron a la concordia, aseguraron el cumplimiento de los compromisos firmados y recularon en parte, mientras, como de costumbre, los medios más poderos, los periodistas más famoso, menos Lord Molécula y adláteres, han enfocado cañonazos hacia el decreto, a sus autores y responsables. Mientras el sistema judicial tiende a protegerlos.

La secretaria encargada del despacho de energía no ha tenido un día de campo, ya sabemos de su esposo que es asesor sin cartera, sabemos del otro subsecretario comunicador, doctor y mano derecha. Hasta de un nuevo lunar o grano en el cachete. Y todo por pensar y actuar para que Pemex y CFE tengan teóricamente otra oportunidad.

Y, en efecto, se cumpla la promesa de no subir tarifas, de regresar, en esta materia, a la rectoría del Estado, aunque se contamine más por un rato largo y nos atrasemos en la limpieza.

En tanto, los muertos se siguen acumulando, al famoso doctor (de los necesarios) se le nota medio cansado y apesadumbrado, a veces. En cualquier semana llegaremos al pico.

Al despertar, cuando la pandemia acabe, nos daremos cuenta que, como apunta la queridísima doctora Miller: “aquellas compañías que no demuestren su impacto positivo tendrán difícil justificar su existencia. La migración en sanidad, educación, energía y otras áreas fundamentales de producción y servicios a las estrategias digitales tendrá que hacerse en días y semanas o serán superadas por la competencia.” Será, además, con un enorme costo social, como en cualquier pandemia.

La puesta en marcha y nuestra plena incorporación al nuevo Tratado México-EUA-Canadá deberá calmar los ánimos en contra del decreto de regulación y la confrontación por el apetitoso mercado de energías limpias.

Todo está negociado. Debemos guardar el secreto …y eventualmente, tal vez, todo habrá sido un sueño. Salvo la controversia permanente por las ganancias.




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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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