LO DE HOY

En aquellos años de cuarentena

En aquellos años de cuarentena

Foto Copyright: Carlserg

Qué delicia poder disfrutar de una buena chela en mis vacaciones lunares, ahora que el pico de la pandemia ha disminuido.

Recuerdo bien cuando iniciamos con nuestro trabajo a distancia a través de videoconferencias, todo mundo con la aplicación de Zoom, se saturó y hasta la hackearon, nos robaron la identidad y hasta ahorita hay 25 mil 364 personas con mi identidad; también me acuerdo que hasta esa aplicación llamada WhatsApp logró enlazar por video a más de 2 personas. Cierto, el COVID nos ha transformado, ahora somos más tecnológicos o dependemos más de la tecnología.

Recuerdo con añoranza cuando compraba ropa en las plazas comerciales, todas cerradas por culpa del dichoso virus, aunque me desquité comprando en línea hasta que se descubrió el Levis-Secrets, un traje que no tienes que quitarte durante muchos días. Fue una estupenda idea que te vendieran ropa que se autolavaba y se autodestruía cada pico de pandemia, así no tenías que estar lavando y desinfectando ropa cada vez que estuvieras fuera de casa.

Qué risa, ¡ja, ja, ja!, me acuerdo el día que me quedé desnudo a la mitad de Walmart porque salí a comprar víveres. Lo bueno es que traía un repuesto en el celular. Les comparto que creo que se descompuso, pues debo de ajustar mi escáner ya que bajó un modelo de mi talla y me quedó chico… Creo que ya no toma correctas mis medidas, me queda chico casi todo.

Me acuerdo perfecto cuando trabajamos en la oficina, era un caos poder ir allá. No bueno, eran horas en el transporte público —querido lector, sé que no conoces el transporte público, mucho menos si menciono al Metro como referencia, era como nuestras cápsulas de teletransportación individual, sólo que en cada cápsula metían como a 100 personas al mismo tiempo— bueno, ahora todo mundo trabajamos desde casa, aunque de vez en cuando voy a la oficina súper antigua, a la que bautizamos como “La Bella Francia”.

Hablando de antigüedades, hemos dejado atrás el asistir a los cines, los teatros y a los partidos de fútbol, ese rustico deporte donde se patea un esférico y corren humanos tras él y que hoy es más divertido ver en videojuego. En fin, hay tantos lugares que están más que contaminados por culpa de aquellos inconscientes que salen sin tapabocas, sólo porque tienes que viajar a Estados Unidos te pones uno. Hablando de eso, por más que la décima cuarta transformación de México invierta el dinero en rescatar esos espacios de los que hablé, no hay dinero que alcance. El tipo de cambio desapareció porque nos convertimos en una colonia de Estados Unidos, ya no hay petroprecios, pues no hay petróleo y todo gracias a ese acuerdo llamado T-MEC, que, por cierto, un día como hoy, aquel personaje ilustrísimo de la política mexicana, ese que empezó las transformaciones, visitó al presidente que tenía pelo de elote en la cabeza y cuya crema era extracto de Fanta (una bebida gaseosa de naranja de la extinta Coca cola, esa que se fusionó con la Pepsi y que ahora se llama Colapsi) para disque firmarlo, cuando su operación había iniciado 7 días antes.

Bueno, ya es hora de mi terapia celular a base de piel de ajolote de Xochimilco, tuvieron que sacrificar a esa especie endémica para salvar a la humanidad, cuando la humanidad en sí misma se ha ido destruyendo. Lo bueno de esto es el mensaje que nos deja: quédate en casa, es más seguro, no te vaya a pasar lo que al pollito.

P.D. ¿Sabes qué le sucedió al pollo? ¿No? Es una vieja fábula del ya ancestral sabio Polo Polo; te cuento rápido mientras me formo en esta cola aplicando la sana distancia para mi terapia… Un pollo escapaba de una zorra porque la zorra se lo quería comer, en la carrera por su vida encontró una vaca y se escondió debajo de sus patas traseras, el pollo pensaba que la cola de la vaca iba a inhibir a la zorra. De pronto todo se oscureció, la vaca había cubierto al pollo de popó, el pollo desesperado por respirar aire fresco sacó la cara hasta el cuello y con un gran sonido hizo “¡Pio!”, la zorra lo escuchó, lo tomó de la cabeza, lo lavó en el río y se lo comió… Aquí hay tres moralejas: No todo el que te llena de porquería es tu amigo, no todo el que te saca de la porquería es tu amigo y cuando tengas porquería hasta el cuello no digas ni pio. ¡Saludos!

Rodrigo Suárez

Rodrigo Suárez

Mexicano por nacimiento y vocación, enamorado de mi país, observador de la historia y la cultura, apasionado por el turismo.

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