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Cuba

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Nuestra América

Latinoamérica y sus “venas abiertas” Cuba merece algo mejor

A millones de jóvenes desde la segunda mitad del siglo XX la Revolución Cubana nos pareció un bálsamo de libertad.

En especial para América Latina y el resto del mundo subdesarrollado fue una opción atractiva frente al imperialismo depredador.

Los cubanos enseñaron que las Venas Abiertas (Eduardo Galeano) no tienen que ser necesariamente, como ha sido, nuestro indefectible destino manifiesto.

La Revolución tenía prisa por alfabetizar, por curar a enfermos, por mejorar alimentación y vivienda; por aumentar la calidad de vida, especialmente de los más pobres. Por liberar al país de la sumisión yanqui. Por establecer nuevas relaciones éticas entre los factores de la producción, entre las economías desarrolladas y las de menores ingresos y de progreso marginal.

La Revolución tenía prisa por dejar atrás la Cuba del dictador Fulgencio Batista y la injerencia de los EUA en su política interior, que era un resumidero de negocios sucios, otro patio trasero donde se almacenaba la basura y el sitio estratégico para privilegiar intereses extranjeros, incluyendo la base naval de Guantánamo, en el oriente de la isla, aún en dominio del gobierno estadounidense.


En 1956 Castro partió desde Veracruz a bordo del Granma en pos del sueño para la conquista del poder. Lo acompañaron, entre otros, el Che, Cienfuegos, Almeida, su hermano Raúl.

Desde la Sierra Maestra, a pesar de todo, con base en la llamada ‘guerra de guerrillas’ triunfaron y con enormes dificultades se propusieron construir la utopía.

De Cuba salió el mítico Che Guevara quien fiel a su compromiso personal terminó prematuramente sacrificado en la selva boliviana.

En cambio Fidel, que antes estuvo por unos meses en la cárcel, se mantuvo 50 años en el poder, hasta su muerte en noviembre de 2016.

Hoy Castro está ya en la historia como el revolucionario polémico que fue. Quien tuvo la oportunidad de dejar dignamente el poder y no lo hizo.

El poder, se sabe, es una droga alucinante, viciosa y pegajosa.

Contra Fidel Castro se hicieron cuando menos 500 intentos para matarlo, para marginarlo, desde bombardeos a envenenamientos, hasta el folklórico-foxiano, por decir lo menos, “comes y te vas”.

Habrá que recordar que, en 1961 en Playa Girón, ocurrió la invasión de Bahía de Cochinos, cuando unos 1,500 cubanos exiliados en los EUA con el apoyo de la CIA fracasaron en otro intento por tirar a Fidel.

El fracaso de los invasores hizo que la relación con los EUA se deteriorará hasta un punto de no retorno, con el pretexto adicional del sesgo pro soviético de la Revolución.

Un capítulo honroso de política exterior mexicana fue cuando, en 1962, México fue el único país que votó en contra de la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Ese mismo año ocurrió la “crisis de los misiles”, cuando la URSS y los EUA se culparon mutuamente de la amenaza nuclear por la instalación de misiles en Cuba, a 750 km de La Florida. La tensión se aminoró cuando Nikita Khrushchev, entonces primer ministro soviético, ordenó su retiro y mostró su enojo en las Naciones Unidas golpeando con su zapato la mesa de conferencias.

Lo que pasaba en Cuba entusiasmó a estudiosos y académicos de la talla de Sartre, Simone de Beauvoir, Cortázar, Susan Sontang, García Márquez, Benedetti…

Sin embargo, como si fuera una mayúscula contradicción, la Revolución poco a poco se convirtió en caricatura y después de la caída de la URSS, las necesidades y limitaciones de toda índole crecieron exponencialmente.

Además de la incapacidad gubernamental en el fracaso de la utopía, sin duda el multicitado bloqueo y el consecuente embargo estadounidense contra la isla han sido causantes principales de su asfixia y decadencia.

Aún falta el juicio mundial condenatorio a los responsables por este crimen de lesa humanidad.

Mientras los más ricos e intrépidos se fueron a Miami, “de gusanos pa bajo”, los más se quedaron para hacer de su país un ejemplo sobresaliente en medicina social y éxitos deportivos. Logrando en educación también destacadas notas.

En el campo sobresalió la buena calidad del tabaco y el cultivo de la caña de azúcar, que fueron, sin embargo, factores que limitaron su plan para diversificar su comercio con otras naciones, dado el carácter duopólico de su agricultura.

La dependencia de petróleo y otros energéticos contribuyó asimismo al retraso y a la supeditación, de un lado al otro.

Como se sabe, el bloqueo y el embargo contribuyeron a la imposibilidad de adquirir nueva tecnología e incluso bienes y productos básicos de primera necesidad.

El bloqueo ha sido factor determinante del aumento de carencias, de falta de medicinas, alimentos, de inversiones, de miseria, de muchas necesidades insatisfechas y reducción del bienestar.

Cada vez con mayores dificultades económicas y desencanto de la población, Cuba ha resistido hasta ahora las presiones basadas en la crítica al ‘comunismo’, su indefectible fracaso y el peligro para las democracias occidentales.

En el Colegio de México, donde conocí a una admirable profesora de inglés, supe de la versión del becario cubano, con calificaciones de excelencia, quien contó que su experiencia ahí representaba todo lo que siempre había odiado y, sin embargo, bien que había aprendido a vivir otro mundo, lo que mucho agradecía. Nunca regresó a La Habana.

¿Quién no supo de viajeros que, en su estancia en la isla, se dejaron mutuamente seducir por alguna novia o novio de temporal y les llevaron jeans, dulces, helado, jabón, medias de seda, camisas de lino, algún aparato electrónico, libros, medicinas, refacciones automotrices, a cambio de las delicias de una relación liberal, nada burgués, sin compromisos?

Hoy Cuba vive tiempos turbulentos. El pueblo deberá decidir su futuro, ojalá sin represión ni violencia, ¿o acaso en una nueva revolución?

Se trata de un pueblo artístico, de cantantes y bellas mujeres. Un pueblo de músicos, escritores y poetas como Heredia, Martí, Guillén, Carpentier, Lezama Lima, Cabrera Infante. ¿Quién no conoce a Pablo Milanés, a Silvio Rodríguez, a Omara Portuondo?

Hoy, además de Cuba, el resto de América Latina enfrenta las difíciles condiciones de siempre, más aún con la pandemia, que no parece tener fin a corto plazo: en el Brasil aún no se ve para cuando se logre el control de la enfermedad y la derecha continúa su depredación constante; en Haití, fueron asesinados el presidente y su esposa; Venezuela está aislada y sufriendo otro bloqueo con un gobierno fracasado; Colombia con violencia, narcotráfico y represión; Perú con graves problemas poselectorales; Bolivia apenas afianzando el nuevo gobierno después del enésimo golpe; Honduras, Guatemala y El Salvador con migración y pobreza crecientes.

En Tijuana, por ejemplo, en un corredor de El Chaparral se hacinan migrantes en condiciones dantescas y surgen enfermedades y epidemias principalmente entre la población infantil; Nicaragua con represión y dictadura como antes; la Argentina sin crecimiento suficiente, con serios problemas de polarización social y repunte de la epidemia; Chile con represión gubernamental y en pleno proceso de reconciliación nacional; México también polarizado, con una oposición intolerante y un gobierno pleno de buenas intenciones aunque con atrasos y promesas incumplidas.

Hoy, para el bienestar de Cuba hay una tarea principal prioritaria que es condenar y terminar con el bloqueo y el embargo. Hay que insistir en la libertad y el combate a la pandemia.

Sin tregua hay que condenar la represión y la pobreza.

Cuba, esa isla de ensueño, merece un mejor presente.

Nuestra América, la nuestra, la que nos duele, merece toda ella, un mejor destino.

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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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